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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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13 Junio 2011 03:00:15
Revelaciones del diablo, Durante los exorcismos (III de V)
Una vez, cuando el exorcista pronunciaba las palabras del exorcismo del Ritual Romano, y llegó a las palabras: “enemigo de la fe, adversario del género humano, portador de la muerte”, el demonio expresó toda su irresistible aspiración “al mal por el mal”, con estas palabras metafóricas: “Un día en que fuimos expulsados por Él, le dijimos: El poder del pecado será nuestro altar, sobre el que sacrificaremos las almas de tus malditos hijos, sobre este altar haremos correr la sangre de todos ellos. Hay un dios para el que odia y ese dios es nuestro dios”.

Siempre, en sus inventivas, emerge también cómo el demonio es, de verdad, aquel que intenta continuamente dividir a los hombres y levantarlos unos contra los otros. En efecto, acostumbra subrayar que le agrada el odio entre los hombres y está ávido de la maldad humana porque, como ha afirmado varias veces: “El odio es mi ‘comida’ que me alimenta y me fortalece”, “Nosotros queremos la discordia, nosotros queremos el odio y la guerra, no importa de dónde venga”, “¿No saben cuántos ‘condenados’ tenemos a través del mundo?”

Una vez, en el momento en que el exorcista interrogó al demonio acerca de cuál era su nombre, afirmó llamarse Sahara y de venir del desierto. Entonces el exorcista le contestó que se regresara al desierto, a lo que el demonio contestó inmediatamente: “¡Yo traigo el desierto!”. El exorcista comprendió, después de varios exorcismos, que el demonio quería decir que su función específica era suscitar el odio, del cual brotan la aridez, la desolación y la muerte en las relaciones humanas o también, demostrar que se complacía en la esterilidad tanto física como espiritual.

En algunos casos hace sus expresiones hablando “entre serio y en broma”, como cuando el exorcista oyó que dijo: “¡Para nosotros, los sacerdotes que cumplen con su deber, son de mala suerte, porque hacen que nos salgan mal las cosas!”.

Las experiencias marianas durante los exorcismos, son particularmente consoladoras. Cuando es nombrada la Virgen María, los exorcistas perciben cómo los demonios se enfurecen enormemente al tener que enfrentarse a la Madre de Dios. Sin atreverse nunca a llamarla por su nombre, dicen “aquella”, añadiendo una gran cantidad de injurias contra Ella, porque lamentan que arruine sus planes. Una manifestación antimariana que repite muchas veces el demonio es la de expresar su rabia cuando es nombrado el Corazón Inmaculado de María, porque le hace recordar que el mundo fue consagrado a Ella por “aquel”, (se refería al Papa Juan Pablo II), y esta consagración hizo fallar muchos de sus proyectos a escala mundial.

En cuanto al Santo Rosario, una vez, que lo traía puesto al cuello la persona que iba a ser exorcizada, el demonio comenzó a gritar inmediatamente: “¡Me está aplastando, pesa, me está aplastando esa cadena con la Cruz al fondo!” El exorcista exclamó: “De aquí en adelante esta hermana nuestra rezará el Rosario todos los días”. Y el demonio contestó inmediatamente: “¡Sin embargo, son muy pocos los que lo rezan, en comparación con el resto del mundo! Y para mí está bien así, porque me hace daño cuando invocan a Aquella (se refería a la Virgen María), y porque me recuerda la vida de Aquel, (se refería a la vida de Jesucristo, que meditamos en los Misterios del Rosario)”. Otro día, mientras el exorcista, exorcizaba al demonio, se le salió de la bolsa una corona del Rosario e inmediatamente el demonio gritó: “¡Quita esa cadena, quita esa cadena!” “¿Cuál cadena?” “¡Aquella que tiene la Cruz al fondo. ‘Ella’ nos frustra con esa cadena!” También éste, es un lenguaje metafórico, pero nos hace comprender, de modo muy concreto, el poder del Rosario y cuánto lo teme el demonio.
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