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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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20 Junio 2011 03:00:32
Revelaciones del diablo, durante los exorcismos (IV de V)
Un día, con gran sorpresa, un exorcista se acordó de que Dios humillaba al demonio obligándolo a alabar a la Virgen María. En efecto, mientras el exorcista invocaba a la Virgen María, el demonio le dijo: “Ella es la única que está en todas partes, me ‘mata’, siempre me ha ‘matado’, me pone los pies sobre la cabeza, su velo maldito me sofoca, ninguno de nosotros la aguanta”. Ante estas palabras el exorcista exclamó: “¡Gracias Madre, gracias Inmaculado Corazón!”. El demonio replicó inmediatamente: “¡Deja ese Corazón: nosotros lo hemos atravesado con una espada y no se murió, nosotros le crucificamos a su Hijo y no está muerto: al contrario ha tomado otros hijos!”. En otro exorcismo, mientras el exorcista alababa el Corazón Inmaculado de María, el demonio dijo: “Su Corazón es nuestro dolor, su Corazón, entre más lo atravesamos, está más vivo, entre más lo aplastamos, Ella nos aplasta más a nosotros, entre más sufría, nosotros sufríamos más todavía. Nosotros queríamos ‘gozar’ y en cambio Ella, con su llanto, nos mataba: sus lágrimas son fuego que nos ‘mata’”.

Otro día, mientras el mismo exorcista invocaba la intercesión del Corazón Inmaculado de María, el demonio habló de las espinas clavadas en él (que representan los pecados de la humanidad) y, acerca de aquellos que reparan las ofensas hechas a este Corazón, dijo: los hombres me han ayudado a clavarle miles y miles de espinas. Pero entre más espinas se le clavan, adquiere más fuerza. Entre más sangre derrama, adquiere más poder. Entre más dolor se le causa, recibe más gloria. Los pecados de ustedes se han transformado en gloria porque otras tantas almas se han consagrado a expiarlos y cada alma liberada le saca una espina y cada espina que le sacan se convierte en un palo de fuego que se clava en nuestro cerebro. ¡Nosotros las golpeamos, nosotros las pateamos, nosotros las quemamos, nosotros las arañamos, nosotros las descuartizamos, y sin embargo todas esas almas se ponen a rezar. Nosotros las insultamos, nosotros las calumniamos, y sin embargo, esas almas se ponen a rezar. Nunca acabará esta tortura, nunca acabará esta tortura. Es demasiada, es demasiada! ¡Muchos frecuentemente, le rezan y no esperan otra cosa que morir por “Ella… y por su Hijo!”.

En otro exorcismo, jactándose de los sufrimientos provocados a personas inocentes, el exorcista comenzó a orar con decisión: “Señor Jesucristo, mientras que en la Cruz parecías derrotado, mientras que el poder de las tinieblas parecía haberte vencido para siempre, en realidad eras Tú el que estaba venciendo para siempre”. El demonio contestó: “Toda la culpa es de Él, toda la culpa es de su Madre. Por eso le he enseñado a esta ‘imbécil’ (se refería a la persona que atormentaba) a odiarla, pero ella logró superar también esto. Ella, (aquí se refería a la Virgen María), ora siempre, no se calla ni un momento y nosotros quedamos frustrados por sus oraciones”. Evidentemente se refería tanto a la intercesión que la Virgen María estaba haciendo ante Dios por aquella mujer, como al creciente amor por la Virgen María que aquella mujer estaba demostrando. En otro exorcismo, también hablando en lenguaje metafórico, (porque el demonio no tiene piel ni cerebro, ya que es espíritu inmaterial), añadió: “Cada vez que desciende a esta tierra, (se refería a la Virgen María), nosotros quedamos sepultados más profundamente. Cada una de sus lágrimas es un agujero en nuestra ‘piel’, cada una de sus miradas es un golpe en nuestro ‘cerebro’, cada uno de sus pasos es nuestro fin. Siempre tratamos de detenerla, pero no lo podemos lograr porque Ella es más poderosa que nosotros. El Mal no tiene ningún poder sobre Ella”.

Un episodio particularmente conmovedor es el siguiente: un día, dirigiéndose a una imagen de la Virgen María que estaba colocada en la habitación en donde el exorcista practicaba el exorcismo, el demonio comenzó a gritar: “¡¿Por qué ofreció todo a Aquel…? ¿Por qué? ¿Por qué?!”. El exorcista le pregunto: “¿Qué cosa ofreció?”. Y el demonio contestó: “¡Bajo la Cruz de Aquel, Ella sufría!”. Se refería claramente, al ofrecimiento que la Virgen María hizo al Eterno Padre de sus sufrimientos y de los sufrimientos de Jesús en el momento de la Crucifixión. Entonces el exorcista comenzó a decir: “Acuérdate de que la Virgen María, a los pies de la Cruz, ofreció al Padre a Jesús, y Ella se ofreció también al Padre con Jesús. Por nosotros, sus hijos, ofreció este sacrificio”. Ante estas palabras el demonio lanzó aullidos indescriptibles, evidentemente derrotado por la fuerza redentora que brota del sacrificio de Cristo y de María sobre el Calvario, y dijo: “¡Basta, basta, no me lo hagas recordar, basta, me estás quemando, me estás quemando!”.
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