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Juan Latapí
Juan Latapí
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28 Julio 2019 03:10:00
Ridículo
A NADA SE LE TEME MÁS hoy en día que ser exhibido en algún periódico y más en las redes sociales donde cada usuario es juez implacable que acusa, calumnia y condena sin recato, ni apego a la verdad. Aún así, en las redes el acusado tiene la oportunidad de defenderse y desmentir los señalamientos antes de que la jauría de los opiniólogos lo destacen y ridiculicen; en cambio, al ser exhibido en un periódico –el famoso periodicazo- no resulta nada sencillo desmentirlo y mucho menos aclararlo.

PUBLICAR EN LAS REDES, MÁS que una moda, se ha vuelto una costumbre y obsesión para la mayoría de los usuarios ávidos de decir que son “alguien” en la gran masa anónima de la que todos formamos parte. En ese afán de presumir y exhibirse se instalan como inquilinos de ese aparador que todos pueden ver, opinar, juzgar, condenar y hasta destruir sin el menor de los miramientos; sin embargo, esta obsesión por exhibirse es la mejor manera de renunciar a la privacidad y a la intimidad a la que se supone todos tenemos derecho.

AL RENUNCIAR A LA PRIVACIDAD se abre la puerta para que cualquiera pueda atentar contra ese derecho, porque es muy fácil ser juez de los demás pero muy duro ser víctima del escarnio, del señalamiento, de la acusación calumniosa y del temible ridículo. Eso de que no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti, es vil letra muerta.

ESTO SE PUEDE VER CLARAMENTE en la nota roja de los periódicos, que muchos critican pero leen, porque es muy fácil regocijarse con la pena ajena pero nunca con la propia, donde burlarse de los demás es botana pero es ofensa cuando lo ridiculizan a uno. Tenerle miedo al ridículo, a ser exhibido, ha llegado al extremo que cuando hay un accidente de tránsito, los involucrados antes de preocuparse por su salud, por el daño patrimonial o a ser detenidos, se mortifican más por no salir en la nota roja, al periodicazo.

SE NOS OLVIDA QUE NADIE se muere de un periodicazo –salvo las moscas- y que si uno la riega para ser señalado, debe asumir las consecuencias; y por el contrario, en caso de tratarse de alguna calumnia, no darle importancia porque quien nada debe nada teme. Sin olvidarse de que quien más se exhibe mayor riesgo corre de ser exhibido y ridiculizado.

DESAFORTUNADAMENTE NO SOLO SE HAN ido perdiendo la privacidad y la intimidad sino también la discreción; eso de querer acaparar los reflectores de nada sirve y suele ser contraproducente. A final de cuentas es convertirse en esclavo del “qué dirán”, tal y como le pasa a nuestros políticos por más cínicos que sean.
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