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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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16 Noviembre 2013 05:04:33
Sabiondos rebuznantes
Nadie nos enseña a ser padres y heredamos a nuestros hijos hábitos y creencias sin cuestionarnos si son los más adecuados o no y si ayudarán en la vida de nuestros hijos, nos preocupamos y dedicamos gran parte de nuestro tiempo en que nuestros hijos desarrollen su coeficiente intelectual sin embargo los hacemos portentos de ignorancia en inteligencia emocional.

Todos tenemos en la familia “genios” en materia académica pero brutos, torpes e ignorantes en materia en el manejo de las emociones, personas que no saben manejar sentimientos propios y mucho menos entender los ajenos.

Culturalmente suponemos que un niño con altas calificaciones tiene un futuro promisorio y que la vida le brindara los mayores beneficios sin embargo nos faltan dedos en las manos y los pies para ver ejemplos de personas que saben muchas fórmulas matemáticas, cuestiones financieras y hasta fechas históricas, sin embargo carecen de la capacidad para socializar o demostrar cariño.

Históricamente nos han enseñado que las escuelas son para ir a obtener buenas calificaciones, aprender nuevas teorías y sacar buenas calificaciones, una óptica que critican algunos psicólogos quienes señalan que a las instituciones educativas acudimos para socializar, aprender a manejar sentimientos y competir en materia emocional.

Desde niños en los primeros años de kínder observamos a pequeños que serán inseguros, antisociales, flojos, conflictivos, así como los que serán líderes, trabajadores, sociables y destacados, heredamos muchos de los hábitos de nuestros padres y en los primeros años de vida escolar crecemos o nos relegamos en el desarrollo de nuestra vida emocional.

Por comodidad muchos padres y maestros establecen parámetros simplones de calificación en un niño, lo consideran grandioso si saca nueves y dieces y malo si tiene seises o sietes, sin darse cuenta de que quizás los primeros solo tengan como cualidades la obediencia y el espíritu de trabajo, pero que al momento de enfrentar problemas serios en su vida adulta no saben cómo enfrentarlo.

Expertos en psicología señalan que solamente el 20 por ciento del éxito profesional depende del coeficiente intelectual, el resto de su capacidad para saber valorar y tratar a las personas, la inteligencia emocional.

La principal diferencia entre Coeficiente intelectual y la inteligencia emocional radica en que el primero es determinado genéticamente y se desarrolla en los primeros años de la vida y no cambia después de la adolescencia, por lo que no puede ser adquirido, mientras que la inteligencia emocional se desarrolla con el paso del tiempo y puede ser aprendida.

Vivimos tiempos complicados donde los jóvenes y niños deben enfrentar problemas graves como el bullyng, drogadicción y suicidios a muy temprana edad, por lo que es necesario que como sociedad modifiquemos los parámetros para calificar a los niños. Desarrollamos monstruos de la soberbia que se sienten superiores por obtener buenas calificaciones y sepultamos y limitamos a aquellos que no obtienen calificaciones sobresalientes, pero que poseen otras virtudes.

Es preciso señalar que no es una regla establecida, existen algunos genios que poseen ambas inteligencias, tienen grandes coeficientes intelectuales y también saben dominar el campo emocional.

Aunque suene un poco soñador ojala algún día nuestra educación en México desarrolle en sus programas el plano emocional, nos ayudaría mucho a fortalecer el potencial de los niños y quizás así podríamos en un futuro también enseñar un poco a los padres, quienes crecieron con modelos obsoletos donde predominaban los números y las fechas.


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