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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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26 Abril 2020 04:08:00
Sanar mis raíces
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QUERIDOS AMIGOS: Qué importante es encontrarse sanos, sí, pero en homeostasis, es decir, en equilibrio, mente, cuerpo, espíritu y emociones, nada fácil, lo sé, y para eso estamos en el mundo, venimos a sanar y a aprender. Y por supuesto a amar y ser amados. Y en este camino de sanar, un sentir de una joven que amo profundamente y que tiene una gran sensibilidad como yo, su madre, y que poco a poco, ha ido encontrando su misión en la vida, compartiendo como yo sentires del alma. Escritos de ayer, de hoy y de un mañana.

Necesito sanar contigo para poder vivir mi propia vida en equilibrio y armonía. Eres el canal que elegí para vivir esta experiencia terrenal. Aunque a veces me queje, yo te escogí porque eres perfecta para mí. 

Eres mi primer amor, te doy las gracias por ese calor de mamá, por cuidarme, alimentarme, por los desvelos, sacrificios, desesperos y por infinitas acciones de las cuales no recuerdo, pero gracias a ellas, yo estoy y soy. 

 Eres mi principal fuente de amor y quiero conectar con esa fuente para poder sanar cualquier memoria de dolor que hayamos sufrido.  

Perdóname por fundirte con mis recuerdos, por no distinguir que eres un ser espiritual que amorosamente decidiste vivir tu vida conmigo. Perdóname por hablarte a veces no de la mejor manera, por herir tus sentimientos a partir de mis propias percepciones. Perdóname por cada minuto en el cual te hice sentir que no te valoro. Perdóname por nuestra historia juntas, por pretender cambiarla, por no superarla. Perdóname porque no me es fácil saber y sentir quién eres realmente, porque a través de ti solo veo a mi niña lastimada, porque solo percibo dolor. Perdóname porque apenas estoy aprendiendo a sanarme.

Yo por mi parte me perdono completamente porque no tenía herramientas, ni manera de saberlo todo, y porque soy tan inocente como tú. Me perdono por mi capacidad latente para lastimar, para resentir y dañar. Nada de esas acciones han sido conscientes; una memoria, una queja, un dolor o mis impulsos. Te doy las gracias porque en un acto de amor consciente junto con papá, me trajeron a la vida. A mi papá le agradezco cada uno de sus sacrificios y muestras de amor hacia a mí, su amor chiquito (así me dice mi papá), el amor que siento hacia él es indescriptible con palabras, amor del bueno. Vine a este mundo a aprender infinidad de cosas, junto a ustedes dos.

Gracias por la vida, por lo vivido y compartido, por los dolores, por las experiencias, por las risas, por las ausencias, por las heridas abiertas, por las palabras de amor, por los gritos, por los piojitos… todo eso me ha enseñado y formado. Los amo y gracias por acompañarme en este camino. 

Y yo su mamá suspiro… Entre lágrimas y risas, como dice Emmanuel en una de sus canciones, se forjan las más bellas almas, somos muchos los que a partir del dolor somos mejores versiones de sí mismos. Sin culpas, solo siendo responsables de nuestras acciones, y sabiendo vivir con el resultado de estas.

Los padres realmente no tenemos nada que perdonar a nuestros hijos, ya que el amor es lo único real, todo lo demás es efímero, y como dice el sensible escrito desde el alma, son percepciones de cada ser humano.

Y con las lágrimas rodando por mis mejillas, agradezco el que me hayas elegido como tu madre, y aprender juntas el camino de la evolución y de la sanación, del amor incondicional, el amor más grande y sublime sin duda es el de una madre hacia sus hijos e hijas. Sanando las raíces de donde venimos podemos entonces sí, seguir por este camino de la luz conscientemente y desde EL AMOR, LO ÚNICO REAL, somos unidad con lo divino, con DIOS, esa fuente de agua cristalina que sana y reconforta las almas. No olvidemos que para llegar a este nivel de consciencia hay todo un proceso de sanación trabajado. Lo que no es amor, no existe, es solo una percepción del ser, de creer que está separado de la fuente de vida… DIOS.

¡Los hijos sin duda son nuestros mejores maestros de vida!

¡La humildad del ser humano es de almas grandes!

¡El perdón es una liberación del alma, donde el ser vuelve a ser feliz y libre, queda en paz… y qué belleza! INFINITAS GRACIAS VERITO, TE AMO.

Les dejo un abrazo de luz sanador, hasta la próxima, su amiga Verónica. Diosito por delante.
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