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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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20 Marzo 2020 04:00:00
Semanas cruciales
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Los virus no tienen nacionalidad, pero sí origen. El coronavirus que ha puesto de cabeza al mundo apareció en Wuhan, China, centro financiero y tecnológico de 12 millones de habitantes, cuatro veces más la población de Coahuila. El dragón echó fuego por los ojos contra el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por referirse al Covid-19 como «virus chino». En el toma y daca, iniciado con la guerra comercial entre ambas potencias, el régimen de Xi Jinping refutó la versión según la cual el patógeno provino de un pangolín.

«Podría haber sido el Ejército estadunidense quien trajo la epidemia», replicó en redes sociales el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian. El incidente provocó la expulsión de corresponsales de The Washington Post, The New York Times, The Wall Street Journal, Time y Voice of America. Mike Pompeo, secretario de Estado, respondió con una crítica velada a la censura del Gobierno comunista. En rueda de prensa, deploró «la decisión de China (…) de evitar que la prensa mundial trabaje libremente, lo que (…) sería bueno para que el pueblo chino en estos tiempos globales de increíbles retos, donde más información, más transparencia, es lo que salvará vidas».

China trató al principio de ocultar el brote del nuevo coronavirus e incluso el oftalmólogo que alertó de los primeros brotes, Li Wenliang (33 años), y el grupo de médicos con quienes compartió la información, fueron acusados de difundir «rumores» e información «falsa» e «ilegal» sobre la enfermedad, a pesar de que el 30 de diciembre pasado ya se tenían confirmados los siete primeros casos. Infectado por un paciente, Wenliang falleció el 7 de febrero. Cuatro días antes, el Tribunal Popular Supremo de China publicó en redes sociales: «Podría haber sido afortunado si el público hubiera creído los “rumores” y hubiera comenzado a usar máscaras y a llevar a cabo medidas de desinfección y evitado el mercado de animales salvajes» (Wikipedia). Quien debió dar crédito a Wenliang era el Gobierno, pero en lugar de hacerlo, lo amordazó.

China actuó rápido después de la metedura de pata y quiso impresionar al mundo con la construcción exprés de un hospital de mil camas para afrontar la emergencia, pero el daño ya estaba hecho: el Covid devino en pandemia. El gigante asiático ha podido contener la enfermedad y acaba de iniciar ensayos clínicos contra el coronavirus. Estados Unidos busca también una vacuna, pero habrá que esperar cuando menos un año para tenerla en su punto, aunque quizá no disponible todavía y menos en la cantidad necesaria. La carrera espacial de ayer lo es hoy por un antiviral. La competencia tiene ahora un nuevo protagonista: China.

Mientras tanto, unos países superan a otros en la contención de la pandemia para evitar el colapso de sus sistemas de salud. En México, hasta ayer, se tenían 115 casos confirmados, 314 sospechosos, 878 negativos y el deceso de una persona con antecedentes de diabetes y un viaje a Gran Bretaña. Las medidas de prevención corresponden a la gravedad del momento. El Gobierno federal prepara la aplicación del Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre, conocido como DN-III-E.

La sociedad se ha concienciado del problema y de la importancia de observar las recomendaciones de sanidad contra el virus. Por su parte, los gobiernos, después de haber dado palos de ciego en los primeros meses, han adoptado las medidas pertinentes para proteger a la población. Las empresas actúan en consecuencia frente a la emergencia y paran parcial o completamente operaciones. Las dos semanas venideras son cruciales.

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