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Dan T
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14 Mayo 2019 04:00:00
Sheinbaum no ve nada
Le dice el muchacho a su padre:

–Papá, ¿qué es el humor negro?

–Mmmh... ¿Viste que en Whatsapp ya hay emoji de una persona ciega?

–Sí, claro.

–Los ciegos no.

La que tampoco ve la contaminación que tiene ahogándose a la Ciudad de México es Claudia Sheinbaum. Desde el jueves pasado comenzó a verse –y a sentirse– una especie de nata producto del humo de incendios forestales, contaminación ambiental e ineptitud de las autoridades.

La cosa en la CDMX se puso tan, pero tan fea que hasta parecía hermana de Elba Esther Gordillo. Hubo quien se asustó al ver, vaya paradoja, que no se veía nada: en algunos lugares la vista no alcanza a distinguir más allá de dos kilómetros, debido a la espesa barrera de contaminación. “Es bruma”, dijo el Gobierno y no de broma, sino más bien para darle atole con el dedo a los ya de por sí muy sufridos habitantes de esta ciudad. Bruma es lo que tienen en el cerebro estos muchachos que acompañan a Sheinbaum, pues después de cuatro días siguen sin saber qué diablos hacer. Les da miedo aplicar una medida dura como volver a poner en funcionamiento el No Circula Obligatorio.

Saben que cuando Miguel Mancera lo hizo prácticamente se esfumaron en el aire sus posibilidades de ser candidato presidencial. Y Sheinbaum no alcanza a ver la contaminación, pero sí que alcanza a ver la próxima elección presidencial, en la que quiere ser candidata de Morena. Por eso prefiere que se mueran unos cuantos capitalinos, antes que perder a todos sus votantes. Se supone que la señora es científica, pero más bien está actuando como ruda.

EL BUEY Y LA VAQUITA
Había una vez un buey que fue electo diputado. El buey no sabía ni escribir su nombre, mucho menos sabía de política o de leyes pues era muy buey. O, bueno, era un buey como cualquier otro: mugía y cagaba. Nada más, porque ni siquiera servía para hacerlo carnita asada o para producir becerros. De no haber sido tan buey, lo habrían llevado a las corridas de toros. Pero ni eso: se habría cornado a sí mismo.

Este buey cuando se convirtió en un diputado decidió mejorar y convertirse en un buey muy especial así que se volvió un buey burro. Y comenzó a decir muchas burradas. Una tras otra las decía el buey burro y la gente se reía de él, aunque él creía que, en realidad, se reían con él. Al ver que sus burradas hacían feliz a la gente, comenzó a decir más y más burradas hasta que un día llegó al punto más alto de su burrez y anunció que presentaría una iniciativa para proteger a... ¡la vaquita amarilla! Todos se rieron de él, pero se rieron tanto que hasta el buey burro se dio cuenta que no era de alegría, sino de burla porque la que necesitaba protección era la vaquita marina, que está a punto de extinguirse.

El buey tan burro intentó pensar durante algunos minutos, pero no lo logró. Entonces decidió poner en marcha un plan para dejar de ser el hazmerreír de los mexicanos y anunció que presentaría un show de strip tease en la mismísima Cámara de Diputados. Ya se veía bailando en San Lázaro aquella canción que dice: “Yo tengo una bolita que me sube y me baja”. Un hada, al ver al buey burro tan entusiasmado, decidió ayudarlo a lograr sus sueños y lo convirtió en Sergio Mayer. Es por eso que ahora cada vez que alguien dice: “¿Y ahora qué burrada dijo ese buey?”, todo el mundo sabe que están hablando del diputado de Morena.

¡Nos vemos el jueves!
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