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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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02 Octubre 2019 04:06:00
Sin justo medio
“Hay un justo medio que está entre dos vicios que pecan, el uno por exceso y el otro por defecto”.
Artistóteles

¿Por qué en México no podemos nunca encontrar el justo medio? Hemos pasado del Estado represor, que el 2 de octubre de 1968 mandó tropas armadas a disparar en contra de una concentración pacífica de jóvenes en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, al Estado ausente, que permite a los manifestantes bloquear vías de comunicación, pintarrajear monumentos históricos, destruir ventanales de hoteles, restaurantes y comercios, prender fuego a librerías e incluso agredir a policías o soldados.

Tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador como la Jefa de Gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum, están conscientes de que los ojos del país estarán al pendiente de las manifestaciones de este 2 de octubre. La explicación de que los actos de vandalismo son realizados por “conservadores” no ha servido para tranquilizar a las posibles víctimas. Por eso Sheinbaum ha anunciado que va a establecer “cinturones de paz” para evitar que haya infiltrados en las manifestaciones.

No sé si estos cinturones van a funcionar, ojalá que sí. Los actos vandálicos han generado miedo entre los comerciantes y residentes del Paseo de la Reforma y el centro histórico. No es que la fuerza pública no tenga capacidad para enfrentar a los vándalos. En la violenta manifestación del 26 de septiembre los comerciantes de Motolinía y Cinco de Mayo simplemente se armaron con palos para detener a los vándalos, pero estos, cobardemente, prefirieron retirarse para atacar otros objetivos que la policía tenía órdenes de no proteger.

El Gobierno capitalino sabe que los destrozos están teniendo un impacto negativo en su imagen. Hasta este momento no ha habido víctimas mortales, pero los daños suman decenas, quizá cientos, de millones de pesos.

Haciendo eco del presidente López Obrador, Sheinbaum ha afirmado que los vándalos son “de grupos conservadores, que no les interesa realmente la democracia en la ciudad, las libertades, sino que, al contrario, están esperando que nosotros respondamos con violencia, pero nosotros no vamos a responder con violencia”. Nadie cree, por supuesto, que los anarquistas de izquierda de siempre se hayan súbitamente transformado en conservadores; pero en el nuevo régimen una mentira abierta es mejor que contradecir al gran líder de la nación, quien ya declaró que quienes hacen desmanes y prenden fuego a librerías no pueden ser anarquistas porque los anarquistas son personas buenas y lectoras como Ricardo Flores Magón. En la mitología de la cuarta transformación el pueblo bueno es incapaz de recurrir a actos de violencia.

La verdad, sin embargo, es que poco importa si los vándalos son anarquistas o conservadores. Lo relevante es que el Gobierno ha decidido no actuar para evitar los desmanes. En los países democráticos las protestas son legales, pero los manifestantes deben cumplir ciertas reglas: ninguno permite que ataquen a personas, propiedades o monumentos históricos.

En México debemos encontrar todavía el justo medio. No es éticamente aceptable que el Gobierno mande soldados a disparar contra estudiantes desarmados que protestan contra el Gobierno sin afectar a terceros, pero tampoco que se lave las manos de su responsabilidad de garantizar la seguridad pública. Este 2 de octubre el nuevo régimen enfrentará una prueba muy importante en la que deberá buscar ese justo medio.


China comunista

Con un impresionante desfile militar China celebró ayer el 70 aniversario del régimen comunista. Los primeros 30 años, los de Mao, fueron un fracaso de autoritarismo y hambre que mató a decenas de millones. La adopción del capitalismo en 1979 convirtió a China en una potencia económica, pero que mantiene muchos de los elementos autoritarios del comunismo.
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