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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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01 Marzo 2019 03:33:00
Sin Oscar
Mi educación emocional también se forjó en las salas de cine. En Tequila, a pesar de que la mayoría de las veces proyectaban películas de El Santo y Blue Demon, así como todas las de los hermanos Almada, que yo veía por un peso en la matiné del domingo, un fin de semana se coló una película británica que marcaría mi destino de niño soñador y calenturiento.

La pasada entrega de los premios Oscar me recordó las cinco películas que me formaron. La primera la vi en el cine de Tequila en 1975, Melody, del indobritánico Waris Hussein. La película narra la historia de amor imposible de unos niños de 12 años. Daniel (Mark Lester), un día les dice a sus padres que quiere casarse con Melody (Tracy Hyde), no en el futuro, sino de inmediato. Ellos se oponen, por supuesto y hacen todo por impedir esa locura, así como los enamorados burlan cualquier obstáculos para amarse.

Cuando vi Melody tenía 8 años. Recuerdo que la escena del primer beso me hizo abrir los ojos con tal avidez que me haría buscar a mi Melody, hasta que llegó La Laguna Azul de Randal Kleiser, protagonizada por Brooke Shields y Christopher Atkins, interpretando a Emmeline y Richard, quienes en 1889, después de naufragar quedan a la deriva y llegan a una isla desierta. Ahí cumplen la adolescencia y, como marca la naturaleza, terminan amándose. Podría asegurar que el desnudo de Brooke Shields en pantalla grande inspiró, fervorosamente, mis primeras practicas masturbatorias.

Sería un par de años después, con Summer Lovers, también de Randal Kleiser, que cambié mis afectos y enloquecía cada noche al recordar los desnudos en playas griegas de dos chicas, Daryl Hannah y la francesa Valérie Quennessen, amando al mismo hombre, al mismo tiempo, Peter Gallagher. Entre ellos forman un triángulo amoroso de complicidades eróticas. Con Summer Lovers por primera vez me fijé en la música y durante años amé al ritmo de I’m So Excited de The Pointer Sister.

Podrán pensar que también fue la música de Nueve Semanas y Media de Adrian Lyne, la que me hizo querer ser como John Gray, interpretado por Mickey Rourke, quien enamora hasta la médula a Elizabeth McGraw, en la piel de Kim Basinger. Lyne narra la historia de una pareja que se enamora a través del sexo, que pone a prueba los convencionalismos sociales y explora el cuerpo sin culpas y con exceso. Nueve Semanas y Media la vi tantas veces que imité, sin éxito, sus escenas sexuales de vértigo.

Mi educación sentimental no estaría completa si no mencionara a la cereza del pastel: Relaciones Peligrosas de Stephen Frears, película de 1988. Otro triángulo amoroso interpretado por Michelle Pfeiffer, como Madame de Tourvel; John Malkovich, como el vizconde de Valmont y la incomprendida de la Academia, que otra vez se fue sin Oscar, Glenn Close, exuberante y maquiavélica marquesa de Merteuil. En la película presentan la intriga y la decadencia de la realeza francesa del siglo 18. Relaciones Peligrosas profundiza en el amor y los celos, la traición y la muerte. El triunfo de la derrota, sentimientos que tanto he querido ilustrar en las páginas de mis libros.
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