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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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17 Marzo 2009 04:00:29
¿Sin prisa?
La seguridad es el resultado de los esfuerzos que los distintos miembros de una sociedad realizan para estar seguros. Esto no es una redundancia, sino la certeza de que nuestra seguridad depende de todos. Todos somos responsables de procurárnosla. La seguridad es, entonces, como señalan los expertos en la materia, síntesis de la vida social.

Lo anterior no elude el hecho de que el Estado es el primer responsable. Es quien tiene la encomienda de promover, organizar y articular con eficacia el esfuerzo de los otros actores sociales para dar seguridad. El Estado, responsablemente, debe cumplir su obligación, hacer su tarea, y todos los demás hacer la nuestra.

Ante la crisis que hoy enfrenta la seguridad en México —la cual sólo se explica como resultado de largas décadas de incapacidad gubernamental—, el presidente Felipe Calderón asumió desde el primer día de su mandato un compromiso personal y político para enfrentarla con determinación, inteligencia y valentía.

La estrategia del gobierno federal arroja indicadores de éxito, que se expresan en las cifras históricas de decomisos de droga, dinero del narcotráfico y armas, así como en el número de arrestos de individuos vinculados con el tráfico o la venta de droga en las ciudades y pueblos del país. El gobierno reconoce que el costo de esta lucha es alto. A la vista están los violentos enfrentamientos y el saldo de los ajustes de cuentas entre bandas criminales. Policías honestos y elementos del Ejército mexicano se afanan diariamente y arriesgan su vida en este difícil combate.

Pero en cuestiones de seguridad no cabe la ambigüedad. Quienes ostentan responsabilidades públicas sólo tienen dos opciones: están en contra de las mafias criminales y actúan en consecuencia o se instalan en la simulación. Una autoridad que pretende colocarse al margen y eludir la confrontación acabará en el solapamiento o, peor aún, en la complicidad.

Esto incluye obviamente a los legisladores, que son los responsables de hacer mejores leyes, y en este caso dar al Estado y a las fuerzas de seguridad y justicia en particular más y mejores herramientas para hacer su trabajo y entregar mejores cuentas a los ciudadanos.

En ese marco, el PAN ha insistido en que el PRI tiene que definirse. Llevan mucho tiempo en el Congreso las iniciativas legislativas para fortalecer el combate a quienes venden droga en nuestras calles y escuelas, y para quitar a los delincuentes los bienes que obtienen como resultado de su actividad criminal. Hemos reiterado que es hora de aprobarlas, sin más pretextos ni dilaciones, en este periodo de sesiones.

El PRI responde que no hay prisa y alega que se trata de una cuestión electoral. En el PAN decimos que sí la hay, porque la tarea es de tal importancia para la gente que no admite que un partido político se la quiera llevar con calma y, menos aún, en aras de su interés electoral. Para las campañas y las elecciones ya tendremos tiempo.

Pero México no está esperando que la ambigüedad se acabe únicamente en el PRI. Nuestro país no tiene el monopolio del narcotráfico ni de la corrupción, como afirmó desde París Carlos Fuentes. Por más que trabaje el gobierno mexicano en el combate a la oferta, el problema no podrá resolverse a fondo sin el compromiso contundente del gobierno de EU para reducir la demanda. Si ese país no fuera el mayor mercado de droga del mundo, señaló hace poco el presidente Calderón, sencillamente no tendríamos este problema.

Y peor aún, si el gobierno estadounidense no toma medidas de verdad eficaces, más allá de la retórica, para detener el flujo indiscriminado de armas de todo tipo y calibre, que hoy dotan a los cárteles de la droga de una inédita capacidad de fuego, la violencia y la muerte seguirán causando estragos de este lado de la frontera.

Sobre la corrupción, basta revisar la detallada investigación de la periodista Doris Gómora, que presentó ayer EL UNIVERSAL, la cual da cuenta con ejemplos precisos de cómo elementos de corporaciones policiacas de Estados Unidos se encuentran “atrapados” en las redes de corrupción de las mafias criminales.

El problema es de todos. Por tanto, los que sólo ven en esto un asunto electoral o un riesgo para sus intereses, o aquellos que piensan que se trata de una crisis en la casa del vecino, se equivocan y hacen más grave el daño, porque su apuesta irresponsable no es otra que la de posponer, para las nuevas generaciones, la solución que tarde o temprano habrá de correr a cargo de todos.

Presidente nacional del PAN
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