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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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04 Febrero 2011 04:55:42
Sin remedio
En 1995, en medio de una muy profunda crisis económica, el PRI, que todavía controlaba el sistema político mexicano, tuvo que subir el IVA de 10 a 15%, para corregir el grave error cometido por Carlos Salinas y Pedro Aspe, unos años antes, de reducir impuestos en un país que a duras penas cierra sus cuentas públicas. Dos años después, el PRI perdió el control de la Cámara de Diputados, y con ello desapareció el régimen de la Revolución Mexicana.

Desde entonces, ese partido cree que fue el alza del IVA lo que provocó su derrota. Y es que la otra explicación, que ya el país estaba cansado del régimen, y que no los había echado antes porque los votos no se contaban, no la pueden aceptar. Es más, ni siquiera la pueden imaginar.

Este terror a los impuestos, pero especialmente al IVA, jugó su parte en la fallida reforma fiscal de 2003, en la minirreforma de 2007, y la nonata desde entonces. Y hoy reaparece en el PRI de la Cámara de Diputados que de golpe rechaza lo que sus correligionarios del Senado proponían. Es decir que el PRI se ha convertido en el mayor obstáculo a las finanzas sanas.

Puesto que se trata de un miedo cerval, no hay que buscar explicaciones racionales a su comportamiento. Peor aún, de nada serviría explicarles a los diputados del PRI la complicada situación en que se encuentran las finanzas públicas, la presión de gastos producto de las prebendas que ellos otorgaron cuando controlaban todo, o la previsible caída en los ingresos petroleros. Esto lo entienden bien los senadores de ese partido, y por eso su propuesta de reducir la tasa del IVA a cambio de ampliar la base. Una medida económicamente insuficiente, pero políticamente útil, que abre posibilidades al siguiente gobierno. Un gobierno que, por cierto, muchos priístas consideran ya suyo.

Mauricio Merino comentaba el miércoles, en estas páginas, el comportamiento de los partidos explicado precisamente como un tramado de decisiones racionales, lo que es indudablemente una buena manera de interpretar. Hay sin embargo que agregar a la racionalidad estos elementos que no lo son tanto para tener una perspectiva más completa: el terror del PRI al IVA, el rencor de parte de la izquierda, comportamientos que tienen explicación, aunque no sean, en sí mismos, racionales.

Al incorporar estos otros elementos, digamos, no-racionales, descubrimos que tenemos un problema más grande del que muchos creen (no cambia, sino fortalece las conclusiones de Merino). Se piensa que el estancamiento que hemos vivido desde 1997 tiene su origen en la falta de una mayoría en el Congreso, de forma que bastaría con obtenerla (por los votos o por las reglas), para empezar a tomar decisiones que saquen al país del marasmo.

Lo que ocurre con el PRI nos muestra que aún si ese partido tuviera mayoría en el Congreso no podríamos tomar decisiones. Resulta que el PRI no es monolítico. Nos acordamos del PRI anterior a 1997, pero ése no era un partido político, era el brazo electoral de un régimen político autoritario, y eso ya no existe. Si alguien cree que basta con que el PRI (o para el caso, cualquier partido) gane la Presidencia y la mayoría en las cámaras para salir adelante, vea desde ahora que eso no ocurrirá.

Insisto en que el dilema político en que estamos consiste en dos visiones del mundo que atraviesan a los tres partidos principales, de manera que hay en realidad seis fuerzas políticas diferentes, que sin embargo los electores no podemos reconocer. Al votar por el PRI, PAN o PRD, uno puede haber elegido un candidato que quiere modernizar a México, o puede haber elegido a otro que quiere volver a intentar lo que alguna vez funcionó. Y se enterará del tipo de candidato que eligió cuando ya sea demasiado tarde.

Todo indica que, por tercera ocasión, la elección de 2012 consistirá en un referéndum entre lo nuevo y lo viejo. Y si lo “viejo” se asoció en el 2000 con el PRI y en 2006 con Andrés Manuel López Obrador, el año próximo le tocará nuevamente al PRI, específicamente a ese PRI que ocupa la Cámara de Diputados. Quedará entonces claro el grave error estratégico de Peña Nieto en sus alianzas internas.

Lo importante para nosotros, sin embargo, no es la Presidencia, sino el Congreso. Es determinante que podamos identificar a los candidatos que están dispuestos a transformar a México, para votar por ellos. Más allá de los partidos, lo que necesitamos hacer es construir una coalición liberal dispuesta a tomar las decisiones. Antes de que tengamos que hacerlo, como en 1995, en medio de una profunda, muy profunda crisis económica.

http://www.macario.com.mx Twitter: @mschetti

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
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