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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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03 Agosto 2019 04:03:00
Sisu
“Sisu no tiene traducción directa. Se refiere a seguir intentando, a pesar de fracasar repetidamente y de enfrentar terribles prospectos. De perseverar, a pesar de llegar al límite de tus capacidades físicas o mentales”.

Así describe el autor James Clear esta palabreja finlandesa. Y luego cuenta una excelente anécdota para ilustrarla.

Finlandia entró a la Segunda Guerra Mundial cuando -sin advertencia- aviones soviéticos bombardearon Helsinki el 30 de noviembre de 1939. Y los prospectos eran terribles.

Durante la “guerra de invierno”, 900 mil soldados soviéticos, 6 mil tanques y 4 mil aviones intentaron conquistar Finlandia, que se defendió con apenas 300 mil soldados... ¡32 tanques y 114 aviones!

Pues a pesar de esta enorme desventaja, Finlandia se impuso con la ayuda de un terrible invierno... y Sisu. 323 mil soviéticos perecieron, más de cuatro veces más muertes que las finlandesas. En marzo de 1940 la URSS firmó el acuerdo de paz de Moscú con Finlandia.

Quizá una forma de traducir Sisu sería firmeza de carácter o determinación. Según la ciencia, el predictor más confiable del éxito. Y te lo demuestro con un juego de niños.

“Hemos encontrado el factor más importante para el éxito. Fue descubierto cerca de aquí, en Stanford”, comenta el autor Joachim de Posada en una divertida charla de TED.

Se refiere al experimento de los malvaviscos de finales de los 60 del profesor de sicología Walter Mischel. Simple y poderoso: a niños pequeños se les ofrece la alternativa de comerse un malvavisco inmediatamente o esperar 15 minutos y recibir dos.

“Nada más se cerró la puerta y dos terceras partes de los pequeños se lo comieron. En 5, 10 o 40 segundos. Algunos esperaron hasta 14 minutos... pero no aguantaron”, comenta De Posada. Ve en nuestros sitios una simpatiquísima recreación del experimento.

Pero un tercio de los pequeños “los miraron, caminaron, los olieron, se agarraron los pantalones o falditas... y no los comieron”.

Lo impresionante es que 15 años después buscaron a los ya jóvenes. “El 100% de los que no se comieron los malvaviscos eran exitosos. Tenían buenas calificaciones, estaban contentos y tenían buenos planes para el futuro”, explica De Posada.

Hasta un pequeño de 4 años entendió “el más importante principio para el éxito: retrasar la gratificación”, concluye.

Firmeza de carácter

Y resulta que lo que funciona en niños, también lo hace en adultos.

“Estudié a jóvenes y adultos en actividades retadoras, contextos y situaciones diferentes. Una característica surgió como un predictor significativo del éxito. No fue la inteligencia social, apariencia, salud o IQ. Fue la firmeza de carácter, la determinación”, afirma Angela Lee Duckworth en otra gran charla de TED.

Por ejemplo, estudió a 190 chavos que participaban en concursos de deletreo, una actividad que requiere mucha práctica.

El predictor más relevante del éxito era el tiempo de práctica. Pero, ¿por qué unos practican más? Por la firmeza de carácter. Los que no se rendían mejoraban... y triunfaban.

En otros experimentos, Lee Duckworth descubrió que se podría medir confiablemente la firmeza de carácter con un cuestionario de 12 preguntas de opción múltiple.

Por ejemplo: He podido recuperarme de caídas para conquistar un reto importante. ¿Esto se aplica a mí? Sin duda, casi siempre, más o menos, no se aplica mucho y sin duda no.

Las respuestas se ponderan y se obtiene un resultado entre el 1 y el 5. A mayor calificación, mayor firmeza.

Regreso a Clear, que concluye: “La mayoría deja que sus batallas los definan. Creen que el fracaso representa lo que son. En cambio, la perseverancia define a los mentalmente fuertes. Ven al fracaso como un evento. Como algo que pasa, no como algo que los define”.

¡Exacto! Apúntalo. Esta cita quizá contenga el secreto para ganar cualquier guerra. Importante virtud en tiempos de la 4T, donde habrá que perseverar mucho para sobrevivir tanta batalla.

Te deseo una vida llena de Sisu.

En pocas palabras...

“Determinación es correr la vida como un maratón y no como un sprint”.

Angela Lee Duckworth, profesora universitaria.
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