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Inés Sáinz
Inés Sáinz
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01 Septiembre 2012 04:08:23
Sólo en México no se apela a la continuidad
Si tuviéramos que elegir una palabra para describir al futbol mexicano definitivamente ésta no sería ‘continuidad’. Por el contrario, nuestra Liga se ha caracterizado por elegir proyectos cortos, cuyos directores técnicos tienen poco tiempo para ganarse la confianza de las directivas y hacer que los equipos a los que dirigen se coloquen en los primeros planos.

Los cuatro despidos que llevamos en apenas seis jornadas disputadas del Torneo Apertura 2012 no nos espantan y tampoco resultan sorpresivos. Viajando un poco al pasado nos damos cuenta que la Liga mexicana exige rapidez en cuanto a resultados. Y prueba de ello son los más de treinta ceses de directores técnicos que se han dado en los últimos cinco torneos —incluido el actual— una cifra que debe ser una alerta no sólo para los mismos estrategas, quienes son los que sufren en primer lugar las consecuencias tras los malos resultados, sino para las mismas instituciones.

La pregunta está abierta, ¿son realmente los directores técnicos quienes deben pagar los platos rotos? ¿las directivas deberían optar por la continuidad y ser un poco más pacientes? ¿debería considerarse alguna sanción interna para los jugadores cuando los resultados no llegan? A final de cuentas son ellos quienes llevan a cabo las acciones en el terreno de juego y los que deben mostrar ese ímpetu para sacar adelante a su equipo.

Definitivamente ser director técnico es una de las responsabilidades más absorbentes y que mayor trabajo requieren. El que elige tomar este camino debe ser consciente de los sacrificios que ello conlleva. Y es que un director técnico no sólo funge como guía del equipo, el que toma decisiones, el que asigna el estilo de juego, el que sondea el talento, el que forma jugadores, el que impone disciplina, quien tiene el carácter para tomar medidas con la cabeza fría, aguantar cuando los resultados no llegan y dar la cara por el equipo, sino que también conserva la parte humana que me parece fundamental. Un estratega debe ser amigo, confidente y hasta psicólogo, debe saber mediar lo deportivo con lo personal, siempre teniendo en mente la meta fija de convertir a su equipo en un protagonista.

En México su labor dura poco, la confianza se termina en breve y ellos son quienes se llevan la peor parte. A lo largo de los torneos hemos visto desfilar cualquier cantidad de directores técnicos, sin embargo, hay algo que me resulta curioso, ¡siempre son los mismos!

La Liga mexicana da la oportunidad de ‘reciclar’ estrategas, de que los mismos nombres vayan pasando de un equipo a otro en busca de consolidarse como técnicos exitosos con base en títulos. Tal es el caso de Mario Carrillo, quien en su carrera ha pasado por equipos como Puebla, América y Cruz Azul, para ahora tener la oportunidad de dirigir a otro “grande”, los Pumas.

El reciente fichaje de Tomás Boy con los Rojinegros también pone en manifiesto lo anterior al haber sido el orquestador del Morelia, Monterrey y ahora Atlas, entre otros clubes. Así como ellos, la mayoría de los actuales entrenadores de los equipos de Primera División han pasado por otros equipos, a excepción del holandés John van’t Schip y Alex Aguinaga, quien estuvo como auxiliar técnico de Manuel Lapuente en el América durante el Apertura 2010 y Clausura 2011.

Esta es la realidad de nuestro futbol, así funciona el puesto de un director técnico. Si ustedes tuvieran la oportunidad de elegir qué preferirían, ¿la continuidad al estilo europeo o un proyecto corto y de ‘rotación’ de timoneles si los resultados no llegan?

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