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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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21 Febrero 2020 03:55:00
Somos culpables
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Debo reconocer que los lamentables casos de las niñas Fátima en Tláhuac, Ciudad de México, y el de Karol Nahomi, en esta ciudad, me han conmovido como pocos. Lo anterior quizá sea porque, digan lo que digan, ninguno de los casos es aislado, lo que nos debe llevar a considerar que hoy más que nunca, a cualquiera puede sucederle algo similar, y eso me llena de miedo. Por desgracia, en la actualidad no existen en verdad acciones por parte del Estado mexicano que realmente puedan garantizar la seguridad de los niños ni en las escuelas, ni en las calles, ni en sus casas. Por el contrario, y lejos de buscar un remedio, nuestro Gobierno se permite lanzar como respuesta cualquier excusa u ocurrencia, como si lo sucedido fuese poca cosa.

Estoy seguro que a más de uno, estos hechos nos quitaron el aliento al punto de no poder contener las lágrimas, y cómo no, si basta cerrar los ojos para recordar la sonrisa inocente de Fátima quien, sin presentir su destino, confiada buscaba platicar y jugar mientras caminaba, aferrada a la mano de la mujer que más tarde la entregaría para ser asesinada de una horrible manera; o la imagen tierna de Karol, a quien por descuidos u omisiones quizá no intencionales por parte de su madre, se le redujo su tiempo de vida a unos cuantos meses.

Sin duda, la circunstancia de cada una de ellas era distinta, eso debe aceptarse, como cierto es también que ambas eran por demás inocentes y no merecían un final así, y que a las dos les faltó atención por parte de todos; ninguna de ellas fue debidamente cuidada por nosotros como sociedad, y no lo digo por crear una frase más, sino que lo digo con el ánimo de sacudir en verdad a esta sociedad que, por consecuencia de su apatía, día a día causa la muerte de decenas de inocentes como sucedió con Fátima y Nahomi.

Desde hace muchos años los ciudadanos hemos venido permitiendo que gobiernos vengan y vayan, sin exigirles efectivamente políticas públicas encaminadas a erradicar de tajo la violencia contra los menores, nunca hemos siquiera buscado castigar a los gobernantes que permitieron esas agresiones contra los niños. Por culpa nuestra, en la época de Calderón murieron asesinados más de 4 mil niños, y nadie hizo nada; con Peña Nieto 15 mil niños y adolescentes fueron liquidados por cualquier causa, y aún así muchos votaron por el mismo régimen a su salida, y en el sexenio del actual Presidente van cerca de 900 niños que han sido asesinados, y a pesar de ello, hay muchos que le siguen aplaudiendo.

Así pues, y por si lo anterior aún no le hace sentir culpable, debo mencionarle que por causa de la desidia de nuestra sociedad, según los datos del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), la violencia que sufren nuestros niños y adolescentes, en sus distintas formas de expresión, se ha incrementado hasta hoy, y desde hace cinco años, 85%, siendo la violencia psicológica, la sexual, la económica y la generada por el abandono o la negligencia, las más comunes y las más letales. Incluso, este organismo asegura que de seguir las cosas como están, es decir con nuestra permisividad, para el final del presente sexenio podrían morir cerca de 26 mil niños por causa de violencia, esto es que, si en verdad queremos bienestar y seguridad para nuestros hijos, no esperemos nada si no superamos nuestra dejadez, o lo que es lo mismo, todos somos culpables.

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