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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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14 Marzo 2020 04:05:00
SOS Covid-19
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“Prepárate para lo desconocido estudiando cómo otros en el pasado han enfrentado lo imprevisto y lo impredecible”.

Excelente consejo del general estadunidense, George Patton.

Sobre todo en la era del Covid-19. Sin afán de alarmar, la cosa viene difícil.

La matemática de la enfermedad anticipa un gris escenario.

En primer lugar, es un virus muy contagioso (en promedio, un paciente contagia a entre dos y tres personas). Por eso, epidemiólogos reconocidos han estimado que entre 30 y 50% de la población mundial podría contagiarse. Bueno, Ángela Merkel estima que 70% de los alemanes podría contraer Covid-19. ¡Uffff!

En segundo término, la tasa de mortalidad del virus es alta, hoy ubicada en 3.6% globalmente. Pero OJO, en Italia es 6.2 por ciento. Expertos opinan que hay muchos más casos no contabilizados y que la tasa de mortandad bajaría a entre 1 y 2 por ciento.

Aun este nivel sería alto. Por ejemplo, la tasa de mortandad de la influenza es 0.1 por ciento. El Covid-19 sería entre 10 y 36 veces más mortífero.

Pero el problema no se limita a los decesos. Falta la atención médica de los que desarrollen síntomas graves: 80% se recupera sin problemas, 16.4% sufre de neumonía y requiere atención hospitalaria (según la OMS) y el restante 3.6% fallecería.

Estas cifras esconden un problemón.

Analicemos México. ¿Saben cuántas camas de hospital hay? Cerca de 185 mil (públicas y privadas). Si, bajita la mano, 20% de la población se contagia y el 16.4% requiere hospitalización, entonces serían 4.1 millones de pacientes. ¡Se requerirían 22 veces más camas de las que existen!

Obvio que no todos enfermarían al mismo tiempo. Pero las cifras espantan. Y suponiendo 20% de contagio. Si se cumple lo que augura Ángela Merkel, en México se requerirían 14.5 millones de camas de hospital, 78 veces más de las que hay.

Ah, y si la tasa de mortandad bajase al 2% y se contagiara el 20% de la población, morirían 500 mil mexicanos.

Y OJO, porque la tasa de mortalidad para pacientes de 70 años y más es superior al 10 por ciento. Y en México, solo el 4.1% de la población tiene más de 70 años. Es decir, una epidemia de Covid-19 diezmaría a nuestros padres y abuelos. ¿Se imaginan?

Esta matemática asusta. Por eso tantos países toman medidas.

No es casualidad que universidades cancelen clases presenciales. Como dice un experto: un dormitorio es equivalente a un crucero.

Por eso en Italia (que por cierto tiene el doble de camas de hospital per-cápita que México) y otros países cancelan eventos públicos. Por eso empleados de empresas icónicas trabajan desde casa.

Todavía hay muchas cosas que se desconocen de la enfermedad, por ejemplo, si el calor pararía su propagación. Pero por si las dudas, deberíamos de tomar medidas.


¿Qué hacer?

Seguir el consejo de Patton: copiar lo que funciona. Y los ejemplos de China (un régimen autoritario) y otros países asiáticos muy disciplinados comprueban que lo único que funciona para contener al virus es el aislamiento social obligatorio.

El Gobierno entonces debe de olvidarse de rollos genéricos y soluciones simplonas. Debe reconocer que nuestro sistema de salud es muy limitado y enfocarse de una vez a una real prevención.

Cancelar eventos públicos masivos y planes para el cierre temporal de escuelas. Tener filtros reales en aeropuertos, en particular con viajeros de EU, porque allá ya prendió el virus.

En lo económico, la 4T debería ajustar draconianamente. Y no me refiero al gasto público sino a la confianza. Deberían cancelar Dos Bocas y el Tren Maya. Y retomar Texcoco, las rondas petroleras y las subastas eléctricas.

Esto es ilusorio. Sé que YSQ no lo hará. Pero debería.

Las empresas deben hacer planes reales de aislamiento. Prohibir viajes, evitar eventos masivos y planear para los empleados que puedan realizar el trabajo desde casa.

Y nosotros igual: evitar aglomeraciones, no viajar, cuidar la higiene personal y guardarse lo más posible. Ah, y hablar con padres o abuelos para que extremen precauciones. Ellos están en gran riesgo.

Hombre y mujer precavida valen por dos. Sobre todo en la era del Covid-19.


En pocas palabras...

“Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

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