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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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28 Abril 2020 04:00:00
Subsidiar empresas
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Coincido esta vez con el presidente López Obrador. El dinero del erario no debe usarse para subsidiar empresas. Las dádivas generan corrupción y dependencia.

Las bancarrotas son dolorosas, es cierto, pero también son parte fundamental de la economía. Limpian los mercados, eliminan a las empresas débiles y fortalecen a las más eficientes. Sabemos hoy, por ejemplo, que muchas aerolíneas quebrarán por la pandemia. Rescatar a las más débiles sería un acto de competencia desleal contra las que sí han tomado las medidas necesarias para sobrevivir. El estado no debe intervenir en el proceso.

Lo que sí es responsabilidad del Gobierno es eliminar las barreras a la inversión y a la actividad empresarial. Esto debe hacerse con reglas justas aplicables a todos. Nada ni nadie debe estar por encima de la ley.

El Gobierno debe garantizar que las empresas tengan certeza sobre la aplicación de la ley. Cancelar proyectos, como la cervecera de Mexicali que cumplía con todos los requisitos legales, manda un inquietante mensaje para quien quiera hacer una inversión en México: el Gobierno puede cancelar cualquier proyecto aunque cumpla todas las leyes y reglamentos. Yo habría sido el primero en protestar por un subsidio a Constellation Brands, pero la empresa está en su derecho de exigir que el Gobierno respete la inversión que ha hecho, particularmente cuando ya ha erogado mil 400 millones de dólares.

Las reglas deben ser las mismas para todos. No se vale prohibir las “actividades no esenciales” de los privados cuando el Gobierno exime a sus propios proyectos políticos. Este es un ejemplo de un Gobierno que se pone encima de la ley.

El Gobierno tiene la responsabilidad de cuidar la salud pública, es verdad, pero con acciones que tengan fundamentos científicos. Tomar medidas contra las empresas simplemente porque son privadas, y por lo tanto deben ser ricas y malvadas, es tan inaceptable o más, que usar recursos públicos para subsidiarlas. Pero hoy todos los pequeños dictadores del país parecen empeñados en imponer restricciones, como el alcalde de Miguel Hidalgo, que ha ordenado la ley seca los fines de semana, o el Gobernador de Nuevo León, que ha restringido el transporte para evitar saturación y contagios.

Hace ya un par de semanas había un acuerdo para reanudar la actividad minera en el país, con las lógicas salvaguardas para preservar la salud de los trabajadores. Esto es importante porque la minería es la base de muchas de las cadenas de producción. Si las minas no producen, no habrá insumos cuando el resto de las actividades regresen a operar. El acuerdo se detuvo, sin embargo, porque algunos miembros del Gobierno piensan que la minería expolia los recursos de la nación. Con este tipo de razonamientos, será imposible reanudar la actividad económica en el futuro, y quienes más van a sufrir no serán los empresarios, que siempre podrán invertir en otros países, sino los trabajadores.

Nos acercamos a la peor recesión mundial desde los tiempos de la Gran Depresión. El Gobierno afirma que no hay que subsidiar a las empresas, y la verdad es que yo le doy la razón. Pero ponerles piedras en el camino como hoy es irracional y dañará primero a los pobres, a esos mismos que el Gobierno dice querer proteger.


El modito

Pese a que el canciller Marcelo Ebrard y la secretaria de Economía Graciela Márquez, festejaron el acuerdo entre el CCE y el BID Invest para otorgar créditos a las empresas mexicanas, AMLO enfureció: “No me gusta mucho el modito de que se pongan de acuerdo y quieran imponernos sus planes. ¿Nosotros estamos aquí de florero?”. Al Presidente no le gusta ninguna iniciativa que no salga de él.
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