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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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28 Marzo 2011 03:00:36
También la vida conyugal es un carisma
Además del gran valor que tiene el amor cristiano que, aun en el campo de su realización sexual, está impregnado por la fuerza del amor sobrenatural que le confiere el sacramento del matrimonio, la Iglesia reconoce, que es un verdadero carisma. Esto, en algunos ambientes, constituye una verdadera novedad ya que, a veces se piensa que solamente es carismática la vida religiosa o sacerdotal.

La Iglesia, en lo que se refiere a la vida de los cónyuges cristianos, declara que, en virtud del sacramento del matrimonio, éstos, participan del misterio de “unidad y de fecundidad” que se realiza en la unión de Cristo con la Iglesia.

Los cónyuges cristianos se ayudan mutuamente para alcanzar la santidad en la vida conyugal y en la aceptación y educación de los hijos, y así, tienen, en su estado de vida, el “don” del matrimonio, en medio del pueblo de Dios. (1 Cor. 7, 7).

En efecto, cada uno recibe de Dios su “don particular”, esto es su carisma, unos, en un modo, otros, en otro. En efecto, el término “don” no se entiende solamente en un sentido “amplio”, sino en el sentido más estricto de “carisma”.

Y de esta manera, la Iglesia se lo aplica a la vida conyugal, recordando las palabras de san Agustín: “No sólo la castidad por el Reino de los Cielos, es un don de Dios, sino también la vida conyugal”. También aquí la palabra “don” significa “carisma”.

De esta manera, la Iglesia explica por qué, tanto los casados como los célibes, necesitan de un verdadero carisma para guardar la castidad. En efecto, también los cónyuges tienen una función muy elevada en la vida de la Iglesia.

En efecto, es de la alianza conyugal, de donde procede la familia, es en la alianza conyugal, donde nacen los nuevos ciudadanos de la sociedad humana, los cuales, por medio de la gracia del Espíritu Santo, que reciben en el bautismo, se convierten en “hijos de Dios” y prolongan, a través de los siglos, el Pueblo de Dios.

En la familia, que bien puede llamarse, Iglesia Doméstica, los padres deben ser para sus hijos, los primeros maestros de la fe, y secundar la propia vocación de cada uno.

Se comprende entonces, por qué la Iglesia se expresa de esta manera: “fortalecidos por tantos y tan maravillosos medios de salvación, todos los fieles, en cualquier estado o condición en que vivan, están llamados por Dios, (cada uno por su propio camino), a realizar aquella perfección y santidad de Dios Padre, como nos lo demanda Jesucristo, no solamente a las personas de vida consagrada, sino también a los cónyuges. También ellos están “fortalecidos de tantos y tan maravillosos medios de salvación”. También ellos son de los “carismáticos”.

En fin, la tesis, según la cual, la vida conyugal es carisma, se deduce también, del modo “amplio” en que la Iglesia usa la palabra carisma.
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