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Juan Latapí
Juan Latapí
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01 Marzo 2020 03:10:00
Temor al miedo
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Sentir miedo es normal y forma parte de nuestra naturaleza, desde el miedo a lo desconocido, al dolor, al olvido y hasta a la muerte misma; todos en algún momento hemos tenido miedo. Pero cuando alguien es presa del miedo se le dificulta razonar, se vuelve vulnerable, fácilmente manipulable y en el mejor de los casos se deja llevar por el instinto.

El uso del miedo para dominar a las personas es una práctica común que ha estado presente a lo largo de la historia, ya sea para someter a una comunidad, mantener ciertos privilegios e incluso para lograr estabilidad social, pero siempre aprovechándose de la ignorancia en cualquiera de sus sentidos, desde la amenaza a ser condenado a los infiernos, a las maldiciones y a la tortura en nombre de la fe, entre otras muchas supersticiones.

Las cosas no han cambiado mucho y el temor infundado sigue tan presente como siempre. A partir de los atentados del 11 de septiembre la manipulación del miedo se disparó y ese temor sirvió para que Bush invadiera Irak, sin ser cuestionado y usando el pueril pretexto de las supuestas armas de destrucción masivas ocultas por Husein, y a final de cuentas, aquel montaje basado en infundir miedo tuvo como finalidad aumentar los precios del petróleo que coincidentemente benefició a las industrias petroleras de los Bush y sus allegados.

En nuestro país nos han querido infundir el miedo a AMLO que nos llevará al comunismo, al desastre, que estamos en recesión sin embargo aún no se refleja en nuestros bolsillos. Ahora nos dicen que los enfermos del coronavirus fueron anunciados para sabotear la protesta de las mujeres del 9 de marzo, pero el índice de pacientes y de víctimas mortales por diabetes y obesidad es mayor. Y a nivel local nos dicen que la crisis de la siderúrgica se debe a que su propietario es un perseguido político pero se nos olvidan todas las verdades a medias que ha utilizado para privilegiar sus intereses particulares.

Malo es que nos quieran asustar con el petate del muerto, pero más grave resulta que nos creamos todos los chismes que nos llegan, principalmente por el ‘feis’, y que nuestra capacidad de cuestionar permanezca dormida.

Una de las habilidades de un líder -ya sea político o empresario- consiste en saber infundir y beneficiarse de los miedos de sus colaboradores más cercanos a través de la inseguridad personal, primero otorgándoles toda clase de privilegios y beneficios individuales para así poder someterlos bajo la amenaza de retirarles tales prebendas. Ante el temor de perder dichos privilegios se vuelven fácilmente manipulables, y este juego perverso se va replicando en cascada y creando una cadena en toda la sociedad, de tal suerte que los de arriba hacen lo imposible por conservar sus privilegios mientras que los de abajo luchan para escalar y hacerse de privilegios.

El peor de los temores que puede sufrir cualquier trabajador es el miedo a perder su chamba y ante ello renuncia a sus derechos, a la solidaridad y empatía hacia sus compañeros dominados por el no decir, no preguntar y no saber. Y ahora con la detonación de los distintos medios masivos nos hemos vuelto más vulnerables ante el miedo al qué dirán y a ser exhibidos, que a final de cuentas son miedos absurdos tales como extraviar el celular o incluso hasta quedarse sin conexión a internet.

Esta cultura del miedo es parte de nuestra forma de ser y a diario se nos infunde de diferentes maneras. Llegando al ridículo como tener miedo a envejecer, a las arrugas, a las canas, a la gordura , a no ser aceptados a no estar a la moda e incluso a no recibir “likes” en el ‘feis’. Nos hemos hecho tan vulnerables que tenemos más temores que certezas.

A final de cuentas tener miedo es natural, forma parte de nuestra naturaleza pero no aprender a controlarlo nos hace vulnerables a la manipulación y presas fáciles del pánico. No se nos puede olvidar que el miedo ahuyenta el amor, a la inteligencia y a la bondad; el miedo llega a expulsar del ser humano la misma humanidad, por ello, a lo único que deberíamos temer es a tener miedo.
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