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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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23 Diciembre 2012 05:10:37
Tequila o llano en llamas
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Al día de hoy hemos sobrevivido a los primeros dos días de la nueva era maya y a 23 días de gobierno peñanietista. Hasta aquí las cosas no se ven mal. No parece estar precipitándose un meteorito sobre el planeta ni tampoco un “error de diciembre”, como el que arruinó la Navidad del 94. En otras palabras, podemos irnos de vacaciones con la tranquilidad de que ni el cambio climático ni la alternancia política desbaratarán la vida en las próximas dos semanas. Mirado así, podemos, con cierta impunidad, desviar momentáneamente la atención de los malabares de los políticos y dedicarnos a tareas más edificantes. Por lo menos en materia de lectura: pasemos de noticias y crítica política, a la lectura de placer. Para tal efecto, quisiera compartirles algunas sugerencias.

Al que guste del baile, del ajedrez y de una buena y cínica historia de amor recomiendo el último libro de Arturo Pérez-Reverte, “El Tango de la Guardia Vieja” (Alfaguara). Un bailarín profesional que opera en cruceros por el Atlántico, robando corazones y alguna alhaja ocasional de parte de mujeres que buscan consuelo pasajero. Eso hasta que encuentra a la bailarina perfecta, fría y distante que trastocará su vida. O sea, un guión más propio de Corín Tellado que de un ex corresponsal de guerra como Reverte. Pero no es así. El marido de la dama es un millonario que gusta de explorar todo tipo de excesos eróticos con ella; y el bailarín es un canalla que la quiere pero la despoja de sus joyas. Entremedio de esta historia de amor hay una intriga de espías, las entrañas de un campeonato mundial de ajedrez y una larga reflexión de la experiencia íntima que el acto de bailar puede tener para una pareja.

Y para aeropuertos, autobuses y horas de playa no está nada mal el último libro de Stephen King intitulado “11/22/63” (Plaza Janés), fecha del asesinato de John F. Kennedy. Contra su costumbre, King no escribió un relato de horror, sino de exploración histórica. Salvo por el elemento fantasioso de una brecha en el tiempo por la cual un joven profesor de literatura retrocede sorpresivamente hasta 1958, el resto de la novela es un detectivesco esfuerzo del protagonista central para conocer a Lee Harvey Oswald e intentar abortar el asesinato de Kennedy. La novela tiene ritmo y la recuperación que hace el autor de la vida real de Oswald y su esposa Marina es digna de un historiador. Pero no le diré si Kennedy se salva.

Tampoco le diré el final de la maravillosa “Rosa Cándida” (Alfaguara) de Audur Ava Olafsdottir. La escritora noruega nos regala un bello relato que seguramente le permitirá a usted resistir mejor la sobredosis familiar de los próximos días. La sabiduría sencilla y desarmante de un jardinero que hace crecer rosas en su jardín y en el ánimo de cuantos le rodean. Pese a lo empalagoso de la frase anterior y el florido título del libro, la cursilería no está presente en esta hermosa historia.

Si usted no gusta de la ficción o de ninguna de las opciones anteriores, puede incursionar con seguridad en la muy buena biografía del cantante y poeta Leonard Cohen escrita por Sylvie Simmons (“Soy tu hombre. Biografía de L. Cohen”). Todo cabe en esta larga y accidentada vida que va desde los barrios bohemios de Montreal hasta su exilio en un convento budista, el cual abandona para reponer con conciertos en vivo el desfalco ocasionado por su representante, pasando por una peligrosa estancia en la Cuba castrista, largas temporadas en una isla griega y los brazos de las más bellas musas beatniks de su generación. Leonard Cohen bien podría decir, como el famoso futbolista inglés George Best: “el 90% de lo que gané lo gasté en mujeres y en fiestas, el resto sí lo derroché”.

Si nada de lo anterior es de su agrado o le parecen libros demasiado largos para tan pocos días, me remitiré a los clásicos. Releer los cuentos de Juan Rulfo, “El llano en llamas”, o de Raymond Carver (“Anagrama, todo, cualquier texto”) le permitirá reconciliarse con la mejor literatura en los breves ratos de respiro entre los apremios que provoca Santa Clos y los Tres Reyes Magos. Bueno, también está el tequila.
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