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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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07 Octubre 2009 03:53:08
Terapia intensiva
Ahora tocó el turno a Carlos de los Cobos, director técnico de El Salvador, despotricar en contra del arbitraje mexicano, argumentando que las mejores cartas que tiene en su baraja el futbol tricolor, en cuanto a hombres de negro se refiere, es decir: Armando Archundia y Marco Antonio Rodríguez, han perjudicado flagrantemente a La Selecta, argumentando que si no fuera por las malas actuaciones de este par de silbantes durante el hexagonal final, en los duelos ante Estados Unidos y Trinidad y Tobago en el estadio Cuscatlán, otro gallo cantaría y su equipo bien podría estar en zona de calificación rumbo a Sudáfrica 2010.

Esta penosa situación convendría que nos moviera a la reflexión. Más allá de que todos sabemos que en un mundo ideal, las decisiones del árbitro deberían ser respetadas y que sus yerros deberían ser aceptados como parte integral del juego, la verdad es que en un medio altamente mercantilizado (que no profesionalizado) como es el balompié nacional, no es de extrañar que siempre los equipos perdedores pretendan encontrar en el nazareno, al chivo expiatorio de su incapacidad para ganar.

Lo que se ha vuelto preocupante por una parte, es la frecuencia con que los silbantes se están viendo envueltos en el ojo del huracán, recibiendo todo tipo de acusaciones, convirtiendo este lastre en una práctica común ya generalizada y por la otra, la intensidad de las mismas, que van desde los berrinches e insultos dentro del terreno hasta las amenazas e intentos de ingresar al vestidor arbitral (por las buenas, intentando el diálogo o por las malas, tratando de derribar la puerta a patadas) pasando por las declaraciones peyorativas en los medios de comunicación.

Desgraciadamente, las autoridades (in) competentes de la FMF, han respondido ante este triste fenómeno, haciendo todo lo que esté a su alcance para mermar la autoridad, credibilidad y autoestima de los jueces.

Les pusieron a un instructor salvadoreño (haciendo honor a su origen) como el salvador del arbitraje. Las violaciones a la cédula arbitral se han convertido en el pan nuestro de cada día. El reducir sanciones y omitir castigos, es consuetudinario.

Sinceramente pienso que no basta con decir que son seres humanos y tratar de repartir culpas, llegó el momento de agarrar al toro por los cuernos. El arbitraje mexicano está enfermo, necesita cirugía mayor, ingresémosle en… terapia intensiva.
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