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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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10 Marzo 2019 03:57:00
Terminando en cero
En memoria de Gil Herrera y César Luna Lastra.

Jorge Luis Borges y su mejor amigo, Adolfo Bioy Casares, salían del cementerio después de dar sepultura a la madre del autor del Aleph, quien murió a los 99 años. Entonces, un pensativo Bioy Casares dijo: “¿Te das cuenta? De vivir un año más, tu mamá hubiera completado cien años, un siglo”. Sin inmutarse, Borges comentó: “Según veo, Adolfo, vos sentís una extraña fascinación por el sistema métrico decimal”.

En efecto, igual da 98 o 104 que 100, pero tenemos la inclinación de considerar que las cifras cerradas tienen un significado especial: La Guerra de Cien Años, los cien días del último gobierno de Napoleón y, más modestamente, pero también terminada en cero: La Guerra de los Treinta Años.

Valgan la anécdota borgiana y los ejemplos anteriores a propósito de que hoy domingo se cumplen cien días del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sobre los cuales se han gastado ríos de tinta en los últimos días.

Esto recuerda la obra cumbre del periodista norteamericano John Reed, Diez Días que Conmovieron al Mundo, donde narra los acontecimientos de la Revolución de Octubre que precedieron a la instauración del régimen comunista en la posteriormente llamada Unión Soviética.

Mutatis mutandis, es decir, haciendo los cambios necesarios, ¿podríamos hablar hoy, parafraseando a Reed, de los cien días que conmovieron a México? Desde la perspectiva de muchos, la respuesta es afirmativa. En efecto, todo parece indicar que el presidente López Obrador llegó al poder con una idea fija: transformar a México, tarea que exige la destrucción de lo anterior.

Y buena parte de estos cien días el Presidente los ha dedicado a echar al basurero de la historia el pasado inmediato, el cual, en su diccionario político está representado por los gobiernos neoliberales y sus instituciones, la corrupción, el dispendio, los “fifís” y los conservadores.

La demolición emprendida ha sido, al menos desde un punto de vista retórico, efectiva. Se abandonó a gran costo el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y se abrogó la Reforma Educativa.

También desaparecieron las estancias infantiles, los refugios para mujeres maltratadas y otros muchos entes gubernamentales cuyo defecto era el sello neoliberal que exhibían en su acta de nacimiento. Esto en un afán de tratar directamente con el “pueblo bueno” por medio de la entrega de subsidios personalizados, a pesar del inconfundible tufo clientelar que esas dádivas despiden. El mismo camino hacia la extinción se ha trazado a los organismos de la sociedad civil. Bueno, hasta los Pueblos Mágicos vieron desaparecer por un arte de magia mañanero el presupuesto que se les asignaba. López Obrador les dejó solo el adjetivo.

Cien días usando la piqueta y blandiendo el machete a diestra y siniestra. Todo parece indicar que la edificación de la cuarta transformación del país exige partir de cero, sin dejar antes piedra sobre piedra de las construcciones anteriores.

Con el tino característico, el maestro Raymundo Riva Palacio ya vislumbró la nueva realidad que pretende levantar el tabasqueño sobre los escombros del pasado y hasta la bautizó: Amlolandia. Ahora bien, cien días dedicados a la demolición del pasado son suficientes y ya resultan reiterativos en la vaguedad de los discursos. Esperemos que terminado este periodo destructivo, principie de una buena vez, la construcción del futuro. De no ser así, citando a Ibargüengoitia, acabaremos acostumbrándonos a vivir en estas ruinas que ves.
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