×
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
14 Julio 2019 03:00:00
Tiempos atípicos
¡Vaya semana! Parecería que los acontecimientos se aceleran sin dar tiempo a la reflexión y al análisis. Los días anteriores han sido de sorpresas. La primera de ellas, la renuncia a la Secretaría de Hacienda de Carlos Urzúa, lo cual ya es para cimbrar al país.

A esto agregó la atípica manera de hacerlo, al señalar las razones por las cuales dejaba el cargo, culpando al manejo errático del Gobierno de las finanzas públicas y a la intromisión de otros poderosos funcionarios que le incrustaron en el equipo personas carentes de los más elementales conocimientos relativos al manejo de Hacienda.

No cabe duda de que la Cuarta Transformación ha traído cambios, cuando menos en la forma de actuar de los servidores públicos. Antes, los funcionarios renunciaban –o los renunciaban– “por motivos de salud” o “motivos personales”, aunque todavía llevaran pintada la suela del zapato de la patada que les dieron allá donde les platiqué.

Hoy no. Funcionario que se va, da a conocer las razones por las cuales lo hace, todas ellas –es el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social y la Secretaría de Hacienda– acompañadas de una lista de las fallas derivadas de la mala conducción del Gobierno, lo que les impidió realizar correctamente la tarea encomendada.

También nos enteramos de la atípica decisión del Congreso de Baja California, a cuyos diputados se les ocurrió la puntada de regalarle tres años más de poder al recientemente electo gobernador, Jaime Bonilla. No les importó a los señores legisladores que los bajacalifornianos hayan votado para conceder al candidato triunfador un periodo de dos años. Se les hizo poco y de un plumazo alargaron el periodo a cinco. ¡Faltaba más! ¡Qué tanto
son 36 meses!

Pésimo precedente. Si tal cosa prospera, al Congreso federal podría ocurrírsele cualquier día que los diputados amanezcan dadivosos, que seis años son muy pocos para desarrollar un programa de Gobierno, y alargarlo a ocho o 10 o, para no verse roñosos, declarar que la Presidencia de la República es vitalicia. ¿Por qué no?

Ya fuera como distractor o cortina de humo, las autoridades detuvieron y encarcelaron al licenciado Juan Collado, uno de los más conocidos del país por ser o haber sido abogado de personajes prominentes, como Carlos Salinas de Gortari. Se le acusa de lavado de dinero y otras lindezas. Su aprehensión se hizo en público de la gente, como reza el famoso corrido, mientras comía en un restaurante de lujo con Carlos Romero Deschamps, el impresentable y eterno líder de los petroleros, quien, entre paréntesis, tampoco es un dechado de honradez.

Me disculpo con mis lectores por volver a noticias de las que seguramente se enteraron en los periódicos, la televisión, la radio o las redes sociales, pero lo hago a modo de terapia, tratando de asimilar lo ocurrido en tan corto tiempo.

Esta acumulación de acontecimientos empieza a dibujar el perfil de una Cuarta Transformación llena de sorpresas. Ya no se hacen las cosas como antes. No sabemos si será para bien o para mal, pero lo cierto es que en México vivimos tiempos atípicos, inéditos.

Un México donde el presidente López Obrador dice una cosa y luego se contradice –remember el metrobús lagunero–, y sus excolaboradores se le lanzan a la yugular después de presentar la renuncia. Nada es como solía ser y debemos irnos acostumbrando a las sorpresas. Para completar la lista de casos atípicos: ¡No llovió en la inauguración de la Feria de Saltillo!
Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65