×
Cholyn Garza
Cholyn Garza
ver +
Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

" Comentar Imprimir
22 Agosto 2020 04:00:00
Tiempos difíciles
Escuchar Nota
Unos meses han bastado para crear caos, incertidumbre, dolor, angustia. Unos meses -sin importar cuántos- han bastado para ubicarnos en una triste realidad. Una pandemia, a la que no se le dio la importancia que requería, nos ha mantenido al borde del colapso.

Lo que algunos consideraron que no nos iba a afectar por tratarse de “una simple gripe”, el Covid-19 nos ha golpeado de una manera cruel e infame para vivir tiempos difíciles. Golpeados unos más que otros, pero todos de alguna manera hemos resultado afectados por esta pandemia.

Duele, créame usted que sí duele conocer tantos casos de personas en el mundo que están padeciendo hambre, desempleo; afectados en su salud y en infinidad de casos, la pérdida de la vida.

Observar las calles vacías, negocios cerrados, hospitales de nuestro México recibiendo pacientes, que van a librar una batalla por su vida, nadie puede asegurar si volverán a ver a sus seres queridos.

Me conmovió el caso de un humilde campesino, a quien acompañaba en su peregrinar un cobertor que le servía para cubrirse del frío por las noches. Afuera de un hospital del ISSSTE esperaba noticias de su esposa, internada por Covid.

No sólo la desesperación acompañaba al humilde hombre, sino la angustia se agregó a su ya triste situación. Una cuenta de más de UN MILLÓN de pesos que le fue entregada y que debería pagar para llevarse a su esposa a otro hospital. “Creí que no cobraban” decía el pobre hombre a manera de justificación. “¿Con qué voy a pagar?” “Ya hipotequé mi casa y ni así logro tener la cantidad”. Le cobraban el oxígeno y medicamentos que el pobre hombre aseguraba haber cubierto, ya que él los había llevado cuando se los solicitaron.

Son casos terribles. Adentro de los hospitales hay carencias; personal de la salud poniendo sus conocimientos y sus fuerzas para rescatar de la muerte a sus pacientes. Exponiendo su vida ante el temor a contagiarse. En el área administrativa no hay piedad, sólo cifras y los números son “fríos”, sin sentimientos.

¿Cuántos casos más habrá? Infinidad de historias que se conocerán.

Hospitales con camas ocupadas, doctores y personal de la salud exhaustos, pero con el ánimo muy elevado. Su responsabilidad y deseos de servir no decaen.

Tristeza e impotencia al observar todo lo que la pandemia nos va dejando: Gente desempleada, enfermos en casa; personas tristes que no tienen los recursos para solventar sus gastos.

Ante esta situación, no pocos han tenido que recurrir a la tarjeta de crédito (quien la tiene, claro) para hacer frente a los gastos del hogar. Todo está caro y comer, ya es un lujo. Los niños no saben si hay o no hay, ellos tienen hambre y sólo saben que comiendo se les va a quitar.

La música, que se escuchaba en las calles, se detuvo. Negocios cerrados, luces apagadas. De repente, las notas de los instrumentos musicales callaron. Quienes salían a las calles en busca del sustento diario para llevar a sus hogares, ya no tenían a quién ofrecerle alguna melodía.

Se empezó a extrañar al ancianito que tocaba la guitarra, sentado en una esquina con su botecito para las propinas. Al organillero, que se desplazaba por el Centro Histórico de la Ciudad de México y se detenía para empezar a tocar el pesado instrumento. En ocasiones en el pasaje donde se ubica el famoso Sanborns, Azulejos. También frente al Palacio de Bellas Artes.

Los negocios habían cerrado y apagado sus luces, las calles lucían vacías. ¿Cuánto durará esto? Se preguntaban los dueños de negocios y los empleados se mantenían en la incertidumbre de conservar o perder su trabajo.

Han transcurrido varios meses y la situación no se ve muy alentadora. Nos ha tocado vivir tiempos muy difíciles de eso no hay duda.

Duele ver empresas, grandes o pequeñas que han tenido que cerrar, dejando sin su fuente de ingresos a sus empleados. Una decisión muy difícil; pero ¿Qué hacer? ante la falta de apoyo.

Como si fuera poco, el espectáculo grotesco e insensible presentado en diferentes noticieros, refleja sin duda la falta de sensibilidad de algunos funcionarios.

Se observa una “montaña” de triciclos y carruchas que les fueron decomisadas a vendedores ambulantes acusándolos de desacato o no sé qué más. Esos humildes trabajadores, que esperanzados salieron a las calles a ofrecer su mercancía no sólo no recibieron apoyo, sino que son amenazados.

No les regresarán sus vehículos y éstos serían destruidos. ¡Absurdo! Y cobarde decisión de quien haya dado la orden. No son tiempos para amenazas, son tiempos para la solidaridad. Si no fueron capaces de ayudar a sobrellevar la pandemia, no fastidien. TRABAJO es lo que se requiere, se debe respetar al que honestamente se gana la vida. Que vayan y se enfrenten a quienes cobran derecho de piso, a los que extorsionan al que honradamente lucha por sobrevivir.

Son tiempos difíciles para todos. Las autoridades, funcionarios y políticos, tienen ante sí, un gran reto. Bájenle a su soberbia y apoyen al que lo necesita.
Imprimir
COMENTARIOS