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Juan Latapí
Juan Latapí
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05 Enero 2020 03:10:00
Tiempos recios
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Ante la histeria colectiva poco o nada se puede hacer y menos en estas épocas de las benditas redes sociales en que lo que importa es la descalificación, el insulto o la crítica hueca antes que el análisis basado en los hechos. Muestra de ello son todas las suposiciones que se dicen y repiten del Gobierno de la 4T, al que acusan de dirigir su rumbo hacia el socialismo, a la debacle económica y social; acusaciones que se hacen sin sentido y que -además de rayar en lo absurdo- rayan en el vil chisme. Aunque de la misma manera también se inventan mentiras y calumnias, sin ningún fundamento, contra los expresidentes, porque lo importante para los opiniólogos -que se autoerigen en jueces- es hacerse pasar por bien informados y conocedores de lo que dicen.

Pero hacer de mentiras verdades no es nada nuevo, como aconteció a principios de la década de los años 50 del siglo pasado cuando el Consejo Directivo de la poderosa trasnacional United Fruit encargó al mago de la publicidad y relaciones públicas, Edward L. Bernays, que manipulara a la opinión pública para decir que el gobierno de Guatemala, presidido por Jacobo Árbenz, era la punta de lanza de la Unión Soviética para convertir ese país centroamericano en un protectorado soviético y desde ahí exportar el comunismo a toda América Latina, lo cual se comprobaría era totalmente falso.

La poderosa United Fruit poseía grandes extensiones de tierra, tanto en Guatemala como en otros países de Centro América, pero no pagaba impuestos y trataba a los campesinos prácticamente como esclavos. Fue por eso por lo que, al asumir el poder luego de haber sido electo democráticamente, Árbenz impulsó una nueva Ley Agraria para que la trasnacional pagara impuestos y salarios justos a los campesinos. Así mismo, Árbenz expropió las tierras ociosas de los terratenientes locales pagándoles lo que ellos mismos habían dicho que valían sus tierras.

Tras el impulso de esa nueva ley, Árbenz pretendía impulsar en Guatemala un capitalismo moderno siguiendo el estilo norteamericano. Sin embargo poco importó dicha intención y la campaña de desprestigio ocasionó la feroz histeria anticomunista de las clases media y acomodada guatemaltecas, y con la complicidad de la Iglesia Católica, empezaron a tramar un Golpe de Estado con la activa participación, obviamente, del embajador norteamericano -que recién había orquestado un sangriento Golpe de Estado en Grecia-, de la CIA y la complicidad de los dictadores de Honduras y República Dominicana.

En 1954 aviones piloteados por norteamericanos bombardearon la capital de Guatemala mientras tropas mercenarias, encabezadas por el militar golpista Castillo Armas, invadieron Guatemala con el apoyo de Honduras. Para evitar un baño de sangre Árbenz renunció a la presidencia bajo la amenaza que, de no hacerlo, los marines invadirían Guatemala, y antes de partir a su exilio rumbo a México, fue humillado.

El oscuro militar golpista Castillo Armas tomó el poder y tres años después fue asesinado durante otro golpe militar, también orquestado por Estados Unidos.

En base a estos lamentables hechos el escritor Mario Vargas Llosa escribió su última novela, titulada “Tiempos Recios”, en la que al combinar realidad con ficción exhibe los métodos brutales que suele utilizar el Gobierno norteamericano en defensa de sus poderosos intereses económicos donde sea.

La histeria anticomunista que reinó en aquella época y que desembocó en violencia, tortura y terror, marcó -paradójicamente- el inicio de políticas progresistas en América Latina, varias de ellas mediante las armas, como sería la revolución cubana en 1959, que en un inicio no fue comunista, sino que ante el temor de que la CIA les montara una operación como la de Guatemala, Cuba vio en la Unión Soviética la garantía de que ello no sucediera.

En cierto sentido -según Vargas Llosa- Estados Unidos se pegó un tiro en un pie al sabotear una causa de justicia y libertad.

Y si hace 65 años la manipulación de la información y la propaganda tendenciosa ocasionaron la histeria colectiva que desembocó en una serie de injusticias y violencia desmedida, ahora en tiempos de las “benditas” redes sociales la histeria colectiva, auspiciada por los opiniólogos, es más fácilmente manipulable y peligrosa, como nunca antes.
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