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Aracely Rodríguez Guardiola
Aracely Rodríguez Guardiola
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03 Octubre 2020 03:40:00
Todas hemos sido víctimas de la violencia de género
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No conozco a una sola mujer que no haya sido violentada, en mayor o menor grado, por el solo hecho de ser mujer. Es realmente indignante reconocer que seguimos viviendo en una sociedad en donde ser mujer te vuelve candidata indiscutible a sufrir de agresión física, sexual, emocional o económica.

En México, todos los días miles de niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores son agredidas, violadas, maltratadas o asesinadas; todos los días se escriben historias desde lo más escalofriante como una violación, un asesinato o la tortura física de una mujer, hasta las más comunes, pero no por ello menos peligrosas, de maltrato psicológico o manipulación económica o emocional.

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada».

Fundación Avon define la violencia de género como toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, así como la seguridad personal de una mujer.

Aquí hay varios temas a analizar y reflexionar, la violencia de género no es únicamente aquella que se hace más evidente como la física (golpes o maltrato) o la sexual, la semilla de la violencia explícita se implanta en nuestra sociedad desde que permitimos, realizamos o hacemos caso omiso del maltrato emocional que se produce en mujeres o niñas cuando una persona las descalifica, desvaloriza o humilla en la intimidad o frente a otras personas, o cuando se limitan o prohíben sus libertades y derechos, se les vigila constantemente o se les hostiga por cualquier motivo. De igual manera cuando se manipula por cuestiones económicas o se generan estereotipos o mensajes que transmitan dominación, desigualdad o discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

Desafortunadamente, este tipo de conductas que no son tan evidentes, pero que insisto, son igual de peligrosas, por el daño permanente que generan a largo plazo y porque son la antesala de conductas más agresivas, son las más comunes, las menos denunciadas y las más permitidas socialmente.

Letras Libres, en su artículo “Violencia de género y feminicidios en México: los datos hablan” hace un resumen de las estadísticas disponibles en nuestro país en esta materia: según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en nuestro país 10 mujeres son asesinadas diariamente. De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia México (REDIM), 1 de cada 10 feminicidios se comete contra niñas y adolescentes menores de 17 años. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) demuestra que de las mujeres mayores de 15 años que quedamos vivas, el 66% hemos sufrido algún incidente de agresión física; (34%), emocional (49%), económica (29%) o sexual (41.3%), y que lo hemos sufrido a manos de agresores conocidos o desconocidos, tanto en el espacio privado como en el público.

Pero, ante este enorme problema social que vivimos, ¿qué podemos hacer?

De entrada, reconocer el problema, me da gusto que en Coahuila, recientemente el Poder Ejecutivo y el Judicial se hayan pronunciado en el sentido de que el combate a la violencia contra la mujer debe ser la principal agenda social en México.

Esto es muy importante porque el primer paso para erradicar este problema es fomentar y posibilitar la denuncia. Ante cualquier caso de violencia tenemos que levantar la voz, pero debemos tener también los espacios para ser escuchadas y debidamente atendidas, espacios con funcionarios y funcionarias que entiendan la importancia de este problema y que nos ayuden a darle solución definitiva.

Debemos contar también en el ámbito oficial y privado, con espacios de refugio seguros para las mujeres violentadas, para que podamos sentirnos seguras de levantar la voz, denunciar y tener un lugar en donde nos podamos refugiar en caso de ser necesario.

Por último, debemos de contar con mejores leyes y parámetros de medición de la violencia. Leyes de vanguardia, que homologuen y tipifiquen la violencia de acuerdo a lo que los organismos internacionales definen. Pero también, mejores mecanismos de medición clasificación de lo sucedido, en donde los hospitales, centros de justicia y todo aquel espacio que reciba o atienda a una mujer violentada, registre de manera correcta y uniforme el tipo de situación que se haya vivido, para poder tener mejores registros y generar mejores políticas públicas para resolver de fondo el problema.

La violencia de género es un problema de todos, sociedad y gobierno debemos trabajar unidos para reconocerlo, generar políticas públicas que lo erradiquen y que castiguen de manera ejemplar a quienes la cometan. Es un problema que tiene la solución en todos y en todas, hombres, mujeres, sociedad civil y gobierno debemos involucrarnos y asegurarnos que ninguna más seamos víctimas de nadie por el solo hecho de ser mujer.
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