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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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06 Junio 2020 04:05:00
Tormenta perfecta
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Si antes de la pandemia de coronavirus los migrantes estaban expuestos a peligros y abusos en los miles de kilómetros que deben recorrer para cruzar nuestro país y acercarse a Estados Unidos, ahora están en el peor de los mundos. La necesidad es más grande que el miedo y el riesgo de contagiarse e incluso de morir, como advierte en el bisemanario Espacio 4 (641) el periodista Javier Mariscal.

“Contrario a lo que podría esperarse, la pandemia de Covid-19 no ha detenido el flujo migratorio que atraviesa México. Al contrario, la pobreza y la violencia siguen empujando a los americanos a un éxodo internacional que ya es considerado uno de los dramas humanitarios más preocupantes de la actualidad.

“Ni las vejaciones a las que se enfrentan en territorio mexicano, ni el hecho de que Estados Unidos sea el país con mayor número de infectados y muertos por coronavirus en el continente, los disuaden. Tampoco el precio de los traslados que cobran los coyotes, el cual se ha disparado por la emergencia sanitaria.

“En este contexto, muchos optan por pedir asilo: tan solo de enero a abril de este año, se han registrado 18 mil 230 solicitudes de refugio en México. Pero mientras las autoridades del Instituto Nacional de Migración revisan cada caso, los migrantes quedan expuestos no solo a contagiarse con SARS-CoV-2, sino a la inseguridad que se vive el país. De ahí que la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (Comar) considere a los migrantes como una de las poblaciones más vulnerables en tiempos de emergencia sanitaria.

“‘Muchos migrantes viven la pandemia en países donde con frecuencia no son bien recibidos, donde no hay albergues y, por la cuarentena, tampoco garitas migratorias donde los reciban’, advierte el sacerdote y defensor de derechos humanos Alejandro Solalinde (El Universal, 21.05.20).

“El 23 de abril, la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió que las medidas adoptadas por los gobiernos de Centroamérica y México para contener la propagación del coronavirus están afectando en mayor proporción a los migrantes, refugiados y desplazados en la región. ‘Estas personas permanecen en campamentos improvisados, en situación de calle, en comunidades o centros de acogida, en los que no siempre se han implementado los protocolos sanitarios para protegerlas, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud’, dice en un comunicado.

“Y si bien algunos migrantes tienen la suerte de recibir ayuda en albergues como el de Hermanos en el Camino, fundado por Solalinde en Ixtepec, Oaxaca, este y otros refugios, como la Casa del Migrante de Saltillo, han tenido que limitar el acceso para evitar contagios. Además, no pueden retener a los que optan por continuar su camino, por lo que solo pueden explicarles los riesgos que corren afuera.

“El 26 de abril, la Secretaría de Gobernación instruyó la salida inmediata de personas extranjeras albergadas en estaciones migratorias en acatamiento a las medidas sanitarias y en atención a las medidas cautelares emitidas por la CNDH. Así, el número de migrantes albergados pasó de 3 mil 759 en marzo a 106 en abril.

“Un pernicioso contexto de pobreza y hambre, sumado a la inseguridad y violencia que la gente padece en sus comunidades empuja a muchos a peregrinar el mundo en busca de condiciones de vida más prometedoras. Al respecto, México escribe la historia en dos sentidos, pues no ha dejado de ser una economía expulsora, y también es territorio de paso”.



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