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Juan Latapí
Juan Latapí
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12 Enero 2020 03:10:00
Traidor
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Se puede decir sin temor a equivocarse que una de las periodistas contemporáneas de mayor capacidad y profesionalismo es Anabel Hernández, quien a través de sus reportajes e investigaciones ha denunciado todo el entretelón que hay en torno al narcotráfico, el poder y sus intereses.

Sus reportajes de investigación abordan principalmente el tema del crimen organizado -en especial el narcotráfico- y lo que gira en torno a este problema que cada vez cobra más vidas y que -aunque suene trágico- no tiene solución en el corto plazo. Los reportajes de esta periodista han desnudado la complicidad de las autoridades con los criminales y aunque dichas autoridades lo desmientan, con el paso del tiempo se confirma esa triste realidad. Tal es el caso del recién detenido García Luna a quien se le señaló desde hace 10 años de estar al servicio de algunos criminales quienes compraron sus servicios y de amasar una fortuna.

Su más reciente investigación periodística apareció publicada a finales del año pasado en el libro “El traidor”. Se basa en el diario escrito en prisión por Vicente Zambada Niebla en el que denuncia las complicidades de diferentes autoridades con el Cartel de Sinaloa. Cada página de este diario es comentada por la periodista con el soporte de sus diferentes investigaciones bien documentadas, mientras que, paralelamente va narrando las diferentes etapas del juicio del detenido hasta la sentencia final.

En este libro se menciona la complicidad de los tres últimos expresidentes y de su círculo cercano, como es el caso de los hijos de la nefasta Martha Sahagún involucrados en actividades nada claras y señalados por múltiples actos de corrupción y relacionados con el empresario Zhenli Ye Gon quien a su vez acusó al porro Javier Lozano de amenazarlo de muerte, quien le dijo el célebre “cooperas o cuello”.

Con diferentes testimonios la famosa guerra de Calderón es exhibida como una farsa en la que descaradamente se protegió al Cartel de Sinaloa mientras las autoridades en abierta complicidad iban aprehendiendo o eliminando a los rivales de esta organización. La investigación periodística cita las diferentes declaraciones de algunos capos durante sus juicios -obviamente en EUA- en las que señalaron directamente a los dos últimos expresidentes de recibir sumas millonarias en diferentes ocasiones.

Antes de dictar sentencia a Zambada Niebla el juez norteamericano pronunció un discurso significativo, “un retrato sin retórica del narcotráfico”, quien dijo que “..después de 25 años de ser juez federal, si hay una llamada guerra contra las drogas, la hemos perdido. Tal vez hemos perdido la guerra contra las drogas, pero no podemos darnos el lujo de perder la guerra contra el crimen”.

En relación con los acontecimientos de octubre pasado en Culiacán, Anabel Hernández cuestiona en su libro “¿En realidad el Estado fue superado en número por los narcos? ¿O los narcotraficantes pudieron actuar de manera simultánea, coordinada y sin fallas porque una parte del Estado estuvo de su parte, como ha ocurrido desde hace décadas? Ese día en Culiacán los narcos no habrían podido actuar con rapidez y eficacia sin la complicidad de una parte de las instituciones responsables de proteger a los ciudadanos”. Más adelante concluye que “el Cártel de Sinaloa y el Mayo Zambada no son invencibles, no son más listos, no son más fuertes, es solo que cuentan con la protección de una parte del Estado y juegan con los dados cargados a su favor”.

Más allá de los entretelones de los criminales y la complicidad con las autoridades, más allá de las acciones, reacciones, crímenes y venganzas, y todo lo que la narcocultura implica, llama poderosamente la atención cómo la corrupción ha invadido prácticamente todo y está presente en todo momento y lugar, a pesar de quienes se desempeñan con honestidad; pero lo peor de todo, es que ya nos acostumbramos a verlo como algo completamente normal.

Por eso, mientras no se cambie la predisposición a la cultura de la corrupción, la guerra contra el narcotráfico y las drogas está perdida y el crimen seguirá creciendo con mayor impunidad. Resulta increíble que sea una periodista quien investiga y denuncia todo esto mientras los responsables de hacerlo miran hacia otro lado, si no es que se benefician de todo este cochinero.
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