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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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17 Noviembre 2019 04:05:00
Tras los pasos de Evo
De cínica, desfachatada e inaceptable calificó Jorge Castañeda la imposición de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Un buen número de analistas ha utilizado los mismos términos y adjetivos usados por Castañeda en una de sus colaboraciones periodísticas. A todo lo anterior habría que agregar las sombras de sospechas que rodearon la elección de Piedra Ibarra, en la cual, aseguran voces atendibles, se manipuló el conteo de los votos de los senadores.

Esta designación es una nueva muestra de los procedimientos del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacerse de todos los hilos de control de organismos e instituciones que, eventualmente, pudieran convertirse en contrapeso de su poder.

El programa de colonización, llamémosle así, emprendido por el Ejecutivo federal ha ido acumulando poder en sus manos, lo cual, a primera vista es posible considerar signo de fortaleza. Sin embargo, y la demostración más cercana es Bolivia y la defenestración de nuestro refugiado de lujo Evo Morales, tal concentración de poder es también una bomba de tiempo.

Trataré de explicarme: Cuando el poder central carece de contrapesos y se hace del control de las instituciones, algunas de ellas navegantes con la bandera de autónomas, se cierran todas las vías de gestión a sectores de la sociedad inconformes o agraviados. Entonces, en lugar de encauzar por las vías institucionales sus demandas, salen a la calle a exigir el cumplimiento de estas.

En su afán de reelegirse de nueva cuenta en la presidencia de Bolivia, Evo Morales pasó por encima de las leyes constitucionales y organizó una elección a la que numerosos especialistas, incluyendo los de la Organización de Estados Americanos, consideraron fraudulenta.

Debido al manifiesto control del Presidente sobre las autoridades electorales bolivianas y cerradas las vías institucionales, los contrincantes de Evo y quienes no simpatizaban con su Gobierno se echaron a la calle con las consecuencias de todos conocidas. Ni siquiera los convenció la promesa de Morales de convocar a nuevas elecciones. Las protestas continuaron y subieron de tono hasta alcanzar niveles de violencia.

Con una presidenta de la CNDH cuyo primer compromiso será complacer o al menos no incomodar a quien le obsequió el puesto contra viento y marea, o sea el Presidente de la República y con él la totalidad de la estructura del Gobierno federal, ¿para qué interponer quejas que incomoden a alguno de los miembros de esa élite? De no operarse un cambio de 180 grados, lo cual es altamente improbable, Piedra Ibarra llega al edificio de la CNDH como una empleada más de López Obrador.

El encrespamiento de diversos grupos y sectores: cierre de las vías de acceso al Aeropuerto de la ciudad de México por expolicías federales, estrangulamiento de vías de ferrocarril a cargo de normalistas michoacanos y campesinos cerrando los accesos al edificio de la Cámara de Diputados, no son, de ninguna manera, signos alentadores. ¿No serán acaso señales de lo que puede ocurrir en el futuro, si la desconfianza en las instituciones va en aumento?

Cuidado: en lo inmediato es posible que funcione la concentración de poder, pero, a la larga, puede volverse explosiva si, como ya se decía, la desconfianza en la eficacia y la imparcialidad de las instituciones las vuelve simples membretes. Cuidado: cuando los inconformes encuentran las puertas cerradas, entran violentamente rompiendo las ventanas.

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