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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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16 Diciembre 2008 04:32:06
Treta
Era uno de esos sacerdotes de la religión de la avaricia. Respetado, aclamado y hasta venerado en Nueva York. Pontífice de la “meca capitalista”. Sus atributos eran el honor, la decencia y, sobretodo, la confianza. Su feligresía le depositaba no sólo sus inversiones y dinero, sino su confianza.

Se llama Bernard L. Madoff y al amparo del delirio provocado por la devoción al lucro, defraudó a sus clientes y construyó el más grande timo mundial en la historia de las finanzas.

El credo de la avaricia, parafraseando a Francis Fukuyama, funciona sólo con la confianza. “In Madoff we trust” clamaron la crema y nata de los grandes inversores mundiales. Así les fue. Se perdieron 50 mil millones de dólares, en un embuste de “proporciones épicas” que tiene lastimado el prestigio de muchos inversores. Lo mismo al Banco Santander, a los propietarios de los Metz de Nueva York o de las Águilas de Filadelfia. También a un grupo de obras de beneficencia (los estafadores limpian sus culpas con regalos de caridad) de la comunidad judía.

Bernard Madoff, de 70 años, era en su juventud un salvavidas en las playas de Queens. Ahorró cinco mil dólares y empezó a construir unas redes de préstamos entre sus amigos (lo que aquí se conoce como “tandas”), después comenzó a captar dinero y prestarlo en una pirámide de usuarios. Pronto prometió y cumplió rentas o intereses atractivos. Al esquema entran nuevos inversores que en realidad son pagadores de las rentas de los más antiguos. Mientras los ingresos crecían se pagaban los intereses, cuándo no crecen, obvio, la treta se descubre y se derrumba la pirámide.

Madoff duró toda una vida en la estafa. Conocía la ingeniería financiera, los juegos de ficción especulativa, los pasillos de Wall Street y sobretodo los recovecos legales de las estructuras bursátiles. Fue presidente de Nasdaq, el mercado de valores tecnológicos, y conquistó para ese mercado a Apple, Cisco y Google. Representó a las firmas de corretaje ante los reguladores del mercado de valores de Estados Unidos. En Miami se movía como pez en el agua en los centros sociales más exclusivos y, además, era donante del Partido Demócrata. Quizá aportó a la campaña de Barack Obama.

El andamiaje financiero de garantizar rendimientos más elevados que las inversiones normales, burlando las normas financieras y la fiscalización gubernamental, es una práctica conocida en México. Hace algunos años en cajas populares, con ese mismo engaño, Mauricio Dromundo defraudó a miles de jaliscienses, guanajuatenses y michoacanos. La Caja “el Arbolito” dejó en “la chilla” a otros tantos bajacalifornianos y sonorenses.

Bernard Madoff confesó todo. Llamó a sus hijos Andrew y Mark y desveló el secreto. Toda su reputación y riqueza era una gran mentira. El jueves pasado entró a la cárcel. Fue puesto en libertad tras garantizar, con su departamento de Manhattan, una fianza millonaria. Le espera un juicio y cinco años de prisión.

La pregunta es la misma ¿cómo detener ese impulso de sofisticación financiera para la avaricia sin un Estado fuerte y, al mismo tiempo, promover la libre empresa? La respuesta es el modelo que propone la economía social de mercado.

***

El gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, buscó vender la silla del Senado de Obama. Cierto. Con ese Estado, tampoco se puede regular eficientemente al mercado.

Presidente nacional del PAN

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