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Raymundo Hernández
Raymundo Hernández
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22 Noviembre 2009 04:59:57
Un boy scout para 2012
Como todos aspiran pero nadie dice nada, ya hay un político que abandonó unas formas en las que nadie cree pero que se empeñan en seguir. Manuel Espino, el panista radical, beligerante, provocador y muy echado para adelante, ya dijo que quiere ser Presidente en 2012, y arrancó su precampaña presidencial. Carece de presencia nacional, pero es una lapa política que genera mucho ruido entre sus pares por sus actitudes controversiales y polémicas, por su franqueza que agrede y su beligerancia galopante.

Manuel Espino no es nadie para los mexicanos. O cuando menos, todavía. Ninguna casa encuestadora le ha dado seguimiento en los dos últimos años porque no representaba opción política alguna, y cuando lo medía entre la población en sus tiempos de presidente nacional del PAN, siempre salía con resultados de conocimiento y popularidad muy bajos, aunque en su favor, eso sucede con los presidentes de los partidos políticos cuando, como es el caso de Beatriz Paredes en el PRI, no se han metido en la carrera de la sucesión presidencial.

Espino ha sido una figura tan relevante dentro del PAN, como polarizante. “Pertenece a la derecha radical”, dijo alguna vez Juan Ignacio Zavala, un panista de cepa, operador político de Germán Martínez cuando éste fue líder nacional del partido, y hermano de Margarita Zavala, la muy apta política que es esposa del presidente Felipe Calderón. Su forma de ser lo ha marginado dentro del partido, pero lo que es una debilidad, es a la vez su fortaleza en potencia ante un electorado que no ve a nadie en el PAN con la talla de la batería de precandidatos que ha mostrado la oposición.

El PAN tiene muchos tiradores a 2012, pero todavía nadie muestra calidad olímpica. Están los secretarios de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, de Educación, Alonso Lujambio, y últimamente hasta el de Comunicaciones, Juan Molinar, que había quedado muy afectado por la tragedia infantil en una guardería del IMSS en Hermosillo. El PAN moverá otros nombres, como el de la coordinadora de los diputados, Josefina Vázquez Mota, y el del senador Santiago Creel. Hay quien dice que no hay que descartar al gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez como un eventual caballo negro.

Pero nadie tiene la vena bronca de Espino, que nació en Durango, pero se hizo en Ciudad Juárez. En aquella ciudad fronteriza trabajó como subjefe de la Policía cuando Francisco Barrio era presidente municipal. En su gestión, dicen personas que lo conocen, proliferaron de manera desmesurada los giros negros. Cuando Barrio fue gobernador, hizo a Espino presidente municipal de Juárez, y al concluir se fue a Sonora, como presidente del Comité Estatal del PAN, en los tiempos en que Felipe Calderón era presidente del partido.

En esas tierras conoció a Alfonso Durazo, quien había sido secretario particular del infortunado candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, y quien al igual que varios colosistas, fue marginado de la política por el ex presidente Ernesto Zedillo. Espino convenció a Durazo de sumarse a la campaña presidencial de Vicente Fox, quien al concretarlo conectó una época que se suponía -equivocadamente- reformadora con Colosio, con la cruzada para sacar al PRI de Los Pinos. Al asumir la Presidencia, Fox lo nombró secretario particular.

Como un detalle de agradecimiento, Durazo invitó a Espino, quien ya había sido diputado federal, como coordinador de giras de la Presidencia, donde tuvo su primer acercamiento con Fox. Con una carrera política dentro del PAN desde 1978, Espino logró hacerse de la secretaría general del partido en 2002. Cuando se puso en juego la presidencia del partido en 2005, chocaron los mandarines del partido con las bases. Los primeros querían a Carlos Medina Plascencia, una figura cada vez más poderosa dentro del partido, como su líder nacional, pero Espino, que trabajó mejor con la militancia, lo derrotó en una segunda votación de manera contundente.

Espino, como lo había hecho Fox años antes con la candidatura presidencial, le arrancó a la burocracia del PAN el control del partido, y se convirtió en un gran ariete del Presidente. Desde el partido buscó impulsar la candidatura presidencial de Creel, respaldado por el Presidente, pero errores tácticos del senador -hacer una campaña como si fuera ya candidato y no por la candidatura misma-, le permitieron a Felipe Calderón robarle el abanderamiento. Esa osadía tuvo consecuencias, aunque finalmente no definitorias.

En plena campaña presidencial, Calderón y Espino chocaron continuamente. “Lo que Calderón hacía un día, Espino deshacía en la noche”, se quejaba uno de los más cercanos colaboradores del actual Presidente. “No podía haber acuerdos porque él los tiraba”. Espino nunca pudo cambiar los términos de la relación con Calderón, y vivió enfrentado a su equipo, en especial a Juan Camilo Mouriño, el asesor político de Calderón, quien lo fue relegando y restándole poder, hasta que cuando se dio el momento de la sucesión en el PAN, los calderonistas arrinconaron a la extrema derecha del partido -que representaba el 30% de los miembros del Consejo Político Nacional-, y lograron imponer a Germán Martínez.

Espino inició su propia lucha. Logró la presidencia de la Organización Demócrata Cristiana de América, que aglutina a partidos de derecha en el Continente, y se puso a escribir un libro. El primero, “Señal de Alerta”, era un trabajo donde denunciaba cómo la gente cercana de Calderón estaba fortaleciendo al PRI. Espino decía que dos de ellos, Mouriño y Martínez, eran “pragmáticos ramplones”. El borrador del libro no hacía referencias reales a priístas, pero tras llevarle el manuscrito a Fox y a su esposa Marta Sahagún, decidieron incorporar páginas de denostación al senador Manlio Fabio Beltrones, que provocó tensiones colaterales, en la relación de Calderón con el líder senatorial.

Este año sacó otro libro, “Volver a Empezar”, donde habla de la refundación del PAN para regresar a sus orígenes. Espino cree que hay una desviación doctrinaria, que han entrado en la corrupción, en fraudes electorales, en impunidades, y que hay que sanearlo. Por lo visto, este político que es un gran fajador y aventurero -por cierto, es miembro de la Asociación de Scouts en México-, ya encontró la forma de hacerlo. Como no veía a nadie realmente para cumplir esa misión refundacional que propone, ¿quién mejor que él mismo para hacerlo? Su primer problema es ver si lo dejan, dentro del PAN y no lo agarran, como otras veces, de tiro al blanco
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