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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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01 Julio 2018 04:00:00
Un canto para sanar
Al los 19 años, Gabriel Fauré (Pamiers, Francia, 1845-París, 1924) habría de componer una de las obras más bellas que puedas existir y que le valdría el gran Premio de Roma, codiciado premio a las artes que desde 1963 se comenzó a otorgar en Europa.

Gabriel Fauré nació al sur de Francia. Un niño tranquilo que aprovechaba la menor oportunidad para escaparse y tocar el armonio de una pequeña capilla de su villa. Ahí es donde descubre su vocación musical sin proponérselo.

A los 9 años su padre, luego de una año de espera y meditación decide llevarlo a París donde hará estudios con Niedermeyer, en una escuela clásica y religiosa. Once años entre sabiduría musical y cultural y una vida casi monástica, con uniformes extraños y comidas casi paupérrimas. Excelente pianista ya para esa época y compositor en desarrollo.

Durante la guerra franco-prusiana va a servir a su país para después radicar un tiempo en Suiza, país de neutralidad durante muchos años de su existencia, y que le permitió a Fauré enseñar en la escuela de Niedermeyer, que se había desplazado a la ciudad de Rambouillet. En 1871 regresará a París.

Organista en la iglesia de Saint-Sulpice, situada en el sexto arrondisment de París. Pero no por mucho tiempo. Su lugar principal y definitivo será a partir de 1877 la iglesia de Madeleine, a unas cuadras de la plaza de la Concorde. Ahí será maestro de capilla.

Gabriel Fauré es laureado como pocos compositores en vida. De una fama en la nación que es casi un amor, será honrado en vida por su contribución musical. Su fama se conoce en Inglaterra, pero es sobre todo en su país donde se le venera. No va a transcurrir mucho tiempo para que el mundo conozca lo grandioso de su creación. Su Cantique de Jean Racine es sin duda un ejemplo que trasciende cualquier creencia. El recogimiento en el que reposamos, mientras escuchamos la obra, nos alimenta a la vez que nos sana.

Hacia el final de su vida, su obra tiene una madurez evidente, pero siempre será el mismo compositor que jugaba inocentemente en un armonio viejo en Pamiers, su ciudad natal. Ahí donde está el amor, está la vocación.

Que lo disfruten.
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