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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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05 Septiembre 2019 04:00:00
Un manotazo
“Hay solo obediencia o la Iglesia te quemará como en el infierno”.
Arthur Miller

El Presidente tuvo que dar un manotazo para que Morena se echara para atrás en su intento de quedarse con la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de Diputados en contravención a la Ley Orgánica del Congreso. En su mañanera, Andrés Manuel López Obrador calificó el intento de “una vergüenza”.

“Un partido, porque tiene mayoría, no puede aprovechar para modificar una ley en beneficio personal, en beneficio de grupo, en beneficio de una fracción. Eso es un retroceso. Yo celebro que esto se haya resuelto bien”, dijo, en referencia a la decisión de Porfirio Muñoz Ledo de no quedarse en la presidencia. “Yo no voy a meterme, pero era una vergüenza”.

Las palabras del Presidente fueron suficientes para convencer a los líderes de Morena en el Congreso de recular. Horas después anunciaron que se habían desistido de conservar la presidencia. Para ello dejarán de impulsar la iniciativa de reforma de la Ley Orgánica propuesta por Dolores Padierna o propondrán que se aplique en la siguiente legislatura. Un panista sería así quien asumiera la presidencia en este segundo año de legislatura (aunque Mario Delgado dijo ayer que tendría que ser un panista que no hubiera insultado a Porfirio en la discusión previa).

El presidente ha tomado una buena decisión. Su influencia sobre Morena es tan grande que no necesitaba intervenir directamente. Los políticos de Morena, mientras tanto, han mostrado una vez más su ambición. Fueron legisladores de la oposición, de izquierda y de derecha, los que hace años modificaron la Ley Orgánica para garantizar que los cargos del Congreso no fueran ocupados siempre por el partido hegemónico, el PRI. El que los diputados de Morena quisieran modificar estos equilibrios tan pronto lograron la mayoría absoluta era un comentario triste sobre cómo sus ambiciones se imponían sobre sus principios supuestamente democráticos.

No es esta la primera vez que el Presidente da un manotazo que hace que los legisladores de Morena se echen para atrás. López Obrador también descartó las amenazas del senador Ricardo Monreal para restringir las comisiones bancarias que provocaron un desplome de las acciones de los bancos. Monreal, al final, tuvo que alinearse.

Ayer, por otra parte, el Presidente volvió a cuestionar la ley que ampliaría el mandato del gobernador electo de Baja California, Jaime Bonilla, de dos a cinco años. “No se debe modificar la ley en función de intereses personales o de grupos –dijo–. No se puede retorcer la ley, no se puede hacer la ley a medida, independientemente de donde suceda”. El mensaje está ahí también para Bonilla, quien hasta ahora ni ha publicado ni ha descartado la iniciativa.

En su Primer (tercer) informe de Gobierno el Presidente declaró que “el Poder Ejecutivo ya no interviene, como era costumbre, en las determinaciones del Poder Legislativo ni del Judicial, respeta las atribuciones y jurisdicciones de las instancias estatales y municipales”.

Es difícil saber si esto es cierto o no. Por lo pronto, los políticos más ambiciosos parecen estar impulsando medidas que no parecen haber sido consultadas previamente con el Presidente. Pero en el caso de la presidencia de la Cámara, una simple declaración de López Obrador bastó para que quienes un día antes argumentaban que la medida era indispensable ahora la hayan cancelado.

Como en los viejos tiempos, un buen manotazo del Presidente sigue siendo el mecanismo más eficiente para evitar una medida injusta. No sé si sea bueno. Pero el desenlace sí que lo es.



Sin ley

La ley señala que el fiscal de Veracruz no puede ser destituido sin un juicio político. Sin embargo, el Congreso del Estado, a instancias del gobernador Cuitláhuac García, está demostrando que no le interesa cumplir la ley.
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