×
Macario Schettino
Macario Schettino
ver +
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

" Comentar Imprimir
18 Noviembre 2010 04:08:32
Un presupuesto en serio
De hecho, se terminó el proceso por la mañana del martes, después de una maratónica sesión debido a cosa de 80 “reservas” que hicieron los diputados del decreto de Presupuesto.

De esas reservas, la más importante, en recursos y en recto político, fueron los 4 mil 400 millones de pesos que la CNC reclamaba desde el viernes. Por eso no pudieron los diputados terminar el sábado e irse a descansar. Pues a pesar del retraso, y de las presiones de la CNC, los millones no les llegaron. Así, la apuesta que hacía esta columna el martes fue errada. Afortunadamente.

Es interesante notar que los diputados discutieron y negociaron la asignación de cerca de 100 mil millones de pesos, que sin duda es mucho dinero, pero que en comparación con el Presupuesto, no pinta. Éste suma 3.5 billones, de manera que los cien mil millones reasignados representan apenas 3% del total, menos de 1% del PIB.

Visto al revés, 97% del Presupuesto ya ni se discute, nomás se aprueba. A lo mejor no está tan mal que sea así, porque si con el 3% tardaron tanto en ponerse de acuerdo, no les alcanza el año para resolver el cien por ciento. Fuera de broma, el que no haya discusión acerca de 3.4 de los 3.5 billones no es buena cosa. Si bien hay que celebrar que la CNC no se haya llevado esos 4 mil 400 millones que servirían para control clientelar, hay que recordar que el PEC de campo y desarrollo sustentable supera los 260 mil millones de pesos, 60 veces más dinero.

Otra vez, no estoy seguro de ello, porque no tenemos mediciones de todo, pero buena parte de lo que se gasta en esos rubros no es otra cosa que subsidios. Transferencias de recursos de parte de todos los mexicanos a ciertos grupos, ya sea porque tienen hectáreas que alguna vez sirvieron para sembrar granos (como en Procampo), o porque viven en áreas rurales (Alianza para el Campo), o por lo que sea. La pertinencia, justicia o eficiencia de esas transferencias no se discute, y vía Sagarpa, transferimos 50 mil millones de pesos a esos grupos. Otra vez, a lo mejor así debe ser, pero a lo mejor no, y no lo discutimos.

Sobre Procampo se han presentado ya varios estudios que muestran claramente que, si éste es un programa de desarrollo social, es regresivo. Le entrega más dinero a los más ricos, o menos pobres. Ahora bien, si este programa no es de desarrollo social, sino de índole productiva, entonces estamos tirando la mitad del dinero, al entregarlo a unidades de producción muy ineficientes. Tal vez deberíamos desaparecerlo y crear dos programas diferentes: uno para promover la producción (subsidiando, como se hace en muchas partes del mundo), y otro para compensar la pobreza rural.

Y, para no seguir con lo rural, habría que hacer algo similar con otros rubros del presupuesto. Por ejemplo, determinar de una vez por todas cuántos maestros realmente existen y cuánto cobra cada uno. No olvidemos que, aunque suene extraño, los maestros no cobran su sueldo vía cheque o transferencia bancaria, se les sigue pagando en sobre. Y, adivino, es el SNTE el que los reparte.

O vayamos al espacio paraestatal. Pemex produce apenas 2.5 millones de barriles diarios, más o menos lo mismo que Petróleos de Venezuela, PDVSA, pero lo hace con el triple de empleados. Y no estoy comparando con las petroleras del imperialismo, sino con la del prócer del populismo, y mire, somos tres veces menos eficientes.

Éstas son las discusiones presupuestales que hay que dar, pero que es imposible que ocurran en los dos meses que tradicionalmente se ocupan para el presupuesto. Son discusiones de fondo, que requieren mucho más tiempo, pero sobre todo mucha más decisión. Los simples siempre se quejan de lo que gana el presidente, o los secretarios, como si eso fuese relevante en términos del presupuesto. No es así. Se puede discutir si sus sueldos son altos o bajos comparando responsabilidades con otros gobiernos, o con organizaciones del mismo tamaño en el sector privado, pero es otro tema.

Finalmente, tenemos que discutir el papel de los gobiernos locales. Se trata de un asunto que supera el ámbito presupuestal, pero que lo determina. Como bien decía Ezra Shabot el lunes en estas páginas, no hay forma de pedir a la población un mayor esfuerzo fiscal si antes, o al mismo tiempo, no establecemos controles en el ejercicio del gasto. Controles serios, que empiezan por tener una contabilidad homogénea en las entidades federativas, que siguen por tener métricas para los diferentes rubros, transparencia en el ejercicio del gasto, y terminan en sanciones severas, realistas y reales.

Todo eso hay que resolver, porque lo que tenemos sigue siendo pura inercia de los presupuestos que nos heredó el viejo régimen, que ya no existe, y cuya lógica ya no tiene sentido en el México actual. Y se trata de una discusión de muchos meses, que seguramente no ocurrirá antes de la elección de 2012. Tengo la impresión que, para entonces, discutiremos bajo mucha presión. Pero tal vez sólo así se tomen las decisiones difíciles.

Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5