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05 Septiembre 2019 04:01:00
Una cerveza para Porfirio
El otro día los diputados de Morena evitaron una severa crisis constitucional en San Lázaro. Que ellos mismos provocaron. Y que ahora quieren volverla a joder.

Resulta que la ley dice que la presidencia de la Cámara de Diputados le toca el primer año al partido que más legisladores tiene (Morena) y luego la ocupan los que le siguen (el PAN y el PRI), pues la legislatura dura tres años. Así ha sido desde 1997 y no por capricho, sino para que haya equilibrios y no suceda que un solo partido se agandalle a los demás, que era lo que hacía el PRI en sus buenos tiempos. (Nota del editor: los buenos tiempos del PRI eran los malos tiempos para México).

Pues resulta que en lugar de jugar derecho, siguiendo las reglas, los de Morena decidieron que ellos querían la presidencia durante los tres años y trataron hasta de reformar la ley con tal de atorarse a panistas, priistas y, en general, al resto de los mexicanos.

La idea era que repitiera como presidente Porfirio Muñoz Ledo, quien viendo la bronca que se armó y queriendo poner a salvo su nombre, mandó literalmente al carajo a todos y anunció su renuncia como líder de la Cámara de Diputados. A su lado estaba Dolores Padierna, quien se suponía lo supliría en cualquier momento, por lo que cuando escuchó lo de la renuncia se puso más pálida que una paleta de guanábana y le echó unos ojos como de pistola Magnum .357 calibre especial. Y es que la esposa de René Bejarano, el mismísimo “Señor de las Ligas”, ya se veía convertida en presidenta del poder legislativo. Como quien dice, a Lola le pasó lo que a la banana: se la peló.

Lo más interesante es que, al renunciar, Porfirio puso en evidencia a Morena, por lo que no les quedó más remedio que dejar de hacer berrinches y entregarle esa posición al PAN.

Porfirio se merece un brindis, así que por favor denle un trago que a esta hora seguramente ya tiene sed. ¡Salud!


¿Estás seguro?

Si una cosa ha dejado clara el amado líder cabecita de algodón es que no cree más que en sí mismo. Para Andrés Manuel López Obrador no hay evidencia que valga, ni prueba alguna que se deba tomar en cuenta si va en contra de lo que él cree, supone o piensa. Si el Presidente considera que el burro impotente, aunque le estén saltando los ojos jamás reconocerá su error. El aeropuerto: sigue diciendo que fue lo mejor cancelarlo, a pesar de que tooodos los demás le dicen lo contrario. La refinería: AMLO es el único que no se da cuenta que va a costar más construirla que los beneficios que podría dejar. Será uno de los peores negocios en la historia de México, pero lo que importa es que el mandatario cumpla “su palabra”. La economía: nos tomamos a su chiste su frase de que tiene “otros datos”, pero a los economistas, a los inversionistas y quienes deberían estar trayendo dólares, la realidad no les hace cosquillas. Al contrario, ya van casi 10 meses de Gobierno y la economía está estancada, vamos pa’ abajo, pero López Obrador dice que vamos bien, “requetebien”. Qué bueno que tengamos un Presidente tan seguro de sus decisiones; qué lástima que todas sus decisiones sean absurdas.

Por cierto que el otro día iban dos cazadores por el bosque cuando uno de ellos se desvaneció y cayó al suelo. Su compañero trató de reanimarlo, pero el otro no respondía, por lo que sacó su celular y llamó a Emergencias. Les explicó lo que había pasado y los paramédicos le dijeron: “Antes que nada, asegúrese si está muerto”. El tipo dejó el teléfono, fue a ver a su amigo, se escuchó un disparo y volvió a hablar: “Sí, seguro está muerto. ¿Ahora qué hago?”.

¡Nos vemos el domingo!
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