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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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19 Diciembre 2019 04:05:00
Una discriminación que va en aumento
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Hay temas que inexplicablemente se convierten en tendencia como la discriminación de género, haciendo a un lado otras y creando una miopía social, sin embargo, no por ello significa que no esté sucediendo otro tipo de discriminaciones que de igual manera dañan lo mismo para quienes lo sufren.

Es muy fácil criticar a países alrededor del mundo por acentuarse más una discriminación en alguna comunidad, mientras que, en Coahuila de Zaragoza, la marginación de las clases sociales es no solamente más recurrente, sino también con más vehemencia que no solo es cuestionable la vestimenta sino también el aspecto físico y medio de transporte.

En caso concreto me refiero a los centros nocturnos o turísticos, mejor conocido coloquialmente entre la juventud como “antros”. Lo mismo sucede en Saltillo, Torreón, Monclova, Piedras Negras, es decir, en cada una las cabeceras municipales de Coahuila con mayor número poblacional y que cuentan con este tipo de estilo negocios nocturnos para jóvenes que han cumplido la mayoría de edad.

Es un hecho tan real, como lamentable que una sociedad en la que no solamente alardeamos sino aseguramos ser civilizados, tenga que confrontar esta problemática y es precisamente en los “antros” donde está muy marcado este problema de diferencia de clases.

Un criterio tan vano más que por solo estereotipos es el primer filtro para la aceptación de entrar a un “antro”, aunque ya se cuente con una reservación; estos jóvenes coahuilenses y turistas son juzgados desde el tipo de vehículo que poseen, la vestimenta, aspecto físico y modo de hablar para poder entrar un centro nocturno de diversión.

Pero una vez logrado pasar el primer filtro, no termina ahí las cosas sino también esos negocios nocturnos hacen de las suyas para crear un estatus para quienes consumen dentro de ellos, y aunque en nuestra entidad está prohibido que los “antros”, y restaurante bar; hagan uso de prácticas discriminatorias es muy frecuente que lo hagan al momento de condicionar un consumo mínimo para poder ocupar una mesa.

Desde el momento que el derecho a tener una mesa dentro de un restaurante bar, antros o bares, a cambio de la compra de una botella y su servicio, es decir, vasos, hielo, refresco, o jugo; es una práctica que va en contra de la Ley Federal de Protección al Consumidor.

Lo mismo sucede con la propina que en muchos de estos lugares incluyen en la cuenta del 15 por ciento o superior al consumo total incluido el impuesto sobre el valor añadido o agregado, que por cierto no hay que olvidar que es una gratificación voluntaria que el consumidor le da al mesero que lo atendió, y no tanto al establecimiento o al proveedor.

En aquellos negocios en donde suelen cobrar una entrada o “cover”, el trato en su interior no es igual al resto, ya que la atención de los meseros es diferente con cada persona, al llegar, es decir, si acepta la venta de la mesa con el costo de una botella y cobrando hasta por adelantado la propina.

También existe la práctica de estos centros nocturnos que incluso el mesero puede negarse a brindar el servicio si el consumo del cliente es mínimo a lo que usualmente lo hacen otros clientes y siendo más humillante que el cliente puede ser retirado de la mesa si uno de mejor condición social o económica arriba al lugar.

Un cobro de una entrada o un “cover”, realmente no te ofrece nada a cambio, es decir, ni siquiera un lugar de estacionamiento porque eso lo cobran aparte con el servicio de aparcacoches o valet parking, tampoco garantiza un lugar o una silla, es decir, no sirve para nada más que ganancia para el negocio a cambio del costo de la vanidad.

Aunque en ninguno de este tipo de negocios en especial nocturnos no pueden por ley seleccionar a la gente, porque eso es discriminación. Y tampoco deben de negar una mesa a menos de que consumas una botella porque a eso se le denomina condicionar un consumo y al igual un estacionamiento.

La discriminación en los antros es algo que indebidamente es muy recurrente, que los consumidores piensan se trata de algo normal y aquellos coahuilenses que son juzgados por su posición social y físico hacen creer que no pertenecen a ese sector de la sociedad.

Aunque existen leyes que defienden al consumidor, la realidad es que no hay autoridades y mucho menos presupuesto para crear quién supervise estas injusticias sociales. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018) http://www.intersip.org
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