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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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07 Junio 2020 04:00:00
Una luz a medio túnel
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Hay eventos que se van sumando hasta presentarnos un panorama poco alentador. El Covid-19 continúa haciendo de las suyas; los esfuerzos científicos en distintos países tienen avances, pero nada en concreto como para afirmar que existe el medicamento que combata la enfermedad, o el biológico capaz de prevenirla. A ello hay que agregar el clima de protesta en varios estados de la Unión Americana, así como en la capital de Jalisco, en nuestro país. Ambas manifestaciones relacionadas con hechos parecidos: Un ciudadano es sometido por las fuerzas del orden con tal rudeza, que pierde la vida.

La cuarentena prolongada conduce al desánimo. Mi experiencia particular es que, de cuando en cuando pierdo noción de qué día de la semana es; algo similar sucede con las horas, pueden ser las 3 o las 6 de la tarde y llego a confundirme. Los eventos habituales fuera de casa están cancelados, no se puede adivinar hasta cuándo, algo que en lo personal sí me genera cierta desgana, estado que supongo gran parte de la población comparte conmigo.

Las redes sociales son las ventanas que hoy nos permiten asomarnos al mundo para ver qué está sucediendo. Difícilmente cualquiera permanece ajeno a ellas, y cada uno tiene su aplicación preferida. A través de Twitter he seguido las protestas que se llevan a cabo en Guadalajara; asombra y descorazona el grado de violencia con que los grupos de choque infiltrados atacan, al punto de prender fuego a un elemento uniformado que se desplazaba en su motocicleta. Según refieren, ya empiezan a identificar a los sujetos que han participado en estos ataques, al parecer “profesionales” que viven justo de eso, de la violencia. Confiemos en que por este camino se descubra qué intereses hay detrás de todo ello. De nueva cuenta, como ha sucedido en ocasiones similares, resulta deleznable la forma despiadada en que los violentos acometen. Conforme a lo que se ha investigado, supondríamos que, además de hacerlo por el pago, poseen un perfil sicopático.

Intento imaginar cómo llegaron a este punto, de encontrar en la violencia extrema su mayor goce, o qué tipo de infancias tan terribles vivirían, que los conducen a actuar con absoluta falta de empatía, sin que el sufrimiento de las personas que atacan los haga titubear.

En medio de este panorama poco alentador, tuve oportunidad de ver algo maravilloso: En Brooklyn, Nueva York, avanzaba un grupo de manifestantes bajo la consigna de “La vida de los negros importa”. Llegó la hora de la salat (oración del mediodía) para los musulmanes, de modo que todos los de dicha doctrina dentro del grupo hicieron hileras de rodillas para cumplir con el ritual, en tanto el resto del grupo formó una valla humana para resguardarlos de cualquier ataque. Me pareció algo maravilloso, un decir “te acepto y te respeto con tus características muy particulares”.

Para llegar a Real de Catorce, SLP, antigua población minera convertida en pueblo mágico, hay que recorrer un tramo de 38 kilómetros hasta acceder a la base del antiguo mineral, y cruzar el túnel Ogarrio, de 2 kilómetros de longitud, cuyo nombre se halla grabado en la dovela del arco inicial. Actualmente el pueblo es turístico; cuando yo lo visité por primera vez, allá por 1983, era un pueblo fantasma con unos cuantos atractivos. En ese entonces el camino para llegar al antiguo mineral era de terracería; un color uniforme de tierra rojiza se extendía zigzagueante y se extendía por los alrededores, causando una sensación extraña de extravío. Mientras recorrí ese túnel por primera vez, se me grabó como un momento mágico encontrar, justo a la mitad del recorrido, en un recoveco trabajado en la misma roca, una capilla con una imagen religiosa y varias velas encendidas. Produjo en mí una sensación de alivio, en medio de aquella negrura que no lograban vencer las luces del vehículo. A ese instante me remitió observar la imagen de unos hermanos cuidando a los otros, que por sí misma expresa la palabra solidaridad.

A la vuelta del tiempo, en nuestro sistema capitalista han predominado el individualismo y la competencia, para crear una pirámide en la que todos estamos incluidos. Dentro de dicho sistema, unos cuantos tienen más, y progresivamente hacia abajo, son más amplias las capas de quienes tienen menos, hasta llegar a la base, en la que se encuentran los más pobres. Es doloroso ver estas diferencias, mas ello no nos autoriza a generalizar y suponer que los beneficios que tienen los de la punta de la pirámide, los obtuvieron a costa de perjudicar a los que se hallan en la base.

El encierro es una excelente oportunidad para revisar qué mundo queremos cuando salgamos del túnel. Actuar como hasta ahora, no ha funcionado, nos consta. ¿Por dónde comenzamos a cambiarlo?
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