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Federico Muller
Federico Muller
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03 Julio 2020 04:00:00
Una mirada a la población mayor en México
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El escritor argentino Jorge Luis Borges escribió hace algunos años un texto poema sobre la soledad. Un fragmento del mismo dice así: “Ya no es mágico el mundo, te han dejado, ya no compartirás la clara luna… hoy solo tienes la fiel memoria y los desiertos días…”. En forma idílica, el laureado autor hace alusión al sentimiento que puede experimentar un hombre cuando sobrepasa el umbral de los 60 años, y que la sociedad lo considera un adulto mayor y se encuentra solo, confinado en su hogar, o si mejor le va, dependiendo de terceros para su sobrevivencia. Aprovecho la expresión poética anterior para elaborar un breve diagnóstico sobre las características sociales y económicas de los hombres y mujeres de la tercera edad en México.

Desde la perspectiva de América Latina y el Caribe, la tasa de crecimiento de la población mayor ha sido superior a la de los países desarrollados, particularmente los europeos, y las causas han sido multifactoriales. Una de ellas, es que el subcontinente americano se incorporó tardíamente a la transición demográfica de las naciones industrializadas, es decir, el cambio de la población joven al envejecimiento fue más lento durante varias décadas; sin embargo, con el transcurrir del tiempo, y gracias a los avances de la medicina, la tasa de crecimiento de los ciudadanos mayores ha sido mayor a la europea. La anterior situación acrecienta la vulnerabilidad de los viejos y aumenta el sentido de urgencia de los gobiernos latinoamericanos en la formulación de políticas públicas orientadas a la atención de este tipo de grupo etario.

México fue una de las primeras economías de la región que disminuyeron su dinámica poblacional, pues la tasa de fecundidad cayó y en cambio la de mortalidad bajó. En 2017, de acuerdo con datos del Conapo, en el país se contabilizaban 8.8 millones de personas mayores de 65 años, de las cuales alrededor de 54% eran mujeres, y el resto (46%) varones. Esta diferencia por género tiene varias lecturas, si se parte de símbolos y representaciones culturales de este país. En las generaciones que nos precedieron, la mayoría de las mujeres se dedicaba a atender el hogar y su expectativa de vida era mayor a la de los hombres, por ello es probable que un porcentaje elevado de mujeres dependa económicamente de una pensión por viudez, o de familiares (hijos), y en el mejor de los casos sean económicamente independientes gracias a un trabajo en el mercado formal o informal.

Los programas gubernamentales. Aunque para evitar actos de corrupción el programa 68 y Más entrega subsidios por igual a todas las personas que cumplan con la edad requerida, debería considerar este tipo de diferencias si en verdad se quiere ayudar a las familias más vulnerables económicamente. Quizá ya en el ocaso de la vida, el grado de escolaridad haya influido para tener una vejez digna; infortunadamente, de los 8.8 millones de personas, 57.5%, más de la mitad, no terminó la educación primaria, lo que seguramente determinó su posición laboral, el monto salarial y pensionario, mientras estuv en el mercado productivo.

Los retos de los gobiernos son enormes para mantener las pensiones a la vejez, si se considera que la población adulta mayor llegará a más de 24 millones en 2050. (Fuente: Conapo)
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