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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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10 Mayo 2020 03:19:00
Una Sinfonía Controversial
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En el año de 1977 Henryk Górecki (Polonia, 1933-2010) estrenó su tercera sinfonía titulada Sinfonía de los Lamentos, o Lamentaciones, las traducciones del polaco son poco precisas al respecto. Siendo un compositor hasta entonces respetado, ya a sus 24 años había tenido su primer concierto orquestal exclusivo de su música, se esperaba mucho de él, pero para sorpresa de unos y otros el resultado no fue el esperado.

En la música polaca, las referencias estilísticas eran para ese momento Lutosławski y por supuesto Penderecki, ambos compositores vanguardistas y que usaban los clústers de una forma habitual y bien lograda. Górecki no era ajeno a esta visión estética de la música, ejemplos tenemos bastantes dentro de su obra, pero su tercera sinfonía fue una franca rebeldía.

Dejó de lado las sonoridades complejas y demandantes al estilo polaco y de otros compositores como Ligeti para crear una obra que mezcla la música antigua, del renacimiento y contemporánea, rayando en un evidente minimalismo que luego reconoceríamos como minimalismo religioso.

Tres son los movimientos de esta sinfonía y todos ellos son adagios. Rarísimo y único. Los detractores no se hicieron esperar, pues para los críticos se trataba de un resultado aberrante de un compositor que decidió ser condescendiente con su público.

Años más tarde, en 1992, el director David Zinman y la soprano Dawn Upshaw lanzaron a la fama mundial esta sinfonía al vender unos 2 millones de copias de su versión de la sinfonía de Górecki. Un éxito inaudito. El compositor, con su carácter reservado, humilde y sin pretensiones, se vio sorprendido: “Siento que al componerla sabía instintivamente lo que la gente necesitaba”, una declaración simple, sin egocentrismos, dicha por alguien que vivió los horrores de la guerra y el comunismo en su país. Declaraciones que él mismo hace.

Quizás no fue una multitud carente de sentido musical y gusto por el arte elevado, sino una sincera necesidad de que la música les dijera algo, les provocase una Epifanía de lo bello.

Sus tres movimientos, todos con texto y con la soprano presente, nos cuentan tres lamentos diferentes: en el primer movimiento el de una madre del siglo 15; el segundo el de una hija hacia su madre durante los campos de concentración en Zakapone: “Madre, no llores”, se lee en los muros; y finalmente un tercer movimiento que nos revela a una madre que ha perdido a su hijo. El sentimiento final de esta sinfonía que transcurre en una calma indescriptible, es de paz en la tormenta, de la disolución de uno mismo en la inmensidad de algo intangible que nos abarca, nos colma y sobrepasa.
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