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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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10 Julio 2019 04:01:00
Urzúa: el punto de inflexión
Nadie lo esperaba. En plenas vacaciones de verano, cuando las actividades públicas se reducen al mínimo de forma natural hasta que los días más calurosos del año transcurren, sorprendió la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El que maneja el dinero en el país. Poca cosa.

No sucedió en un momento crítico, como las negociaciones del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2020, por ejemplo, sino en un periodo de aparente estabilidad económica luego de las turbulencias enfrentadas durante los primeros meses de la transición presidencial.

Inclusive las motivaciones expresadas distan mucho de las renuncias de Germán Martínez al IMSS, Simón Levy a la Subsecretaría de Turismo, Tonatiuh Guillén al Instituto Nacional de Migración o Josefa González Blanco a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Las más relevantes del Gabinete federal hasta hoy.

Pero con la cuarta transformación ocurre un fenómeno peculiar: sus críticos pretenden maximizar cualquier desacierto, o gazapo, generando una percepción artificial de preocupación o pánico de ser posible. Que parezca nos aproximamos al despeñadero de forma inevitable y la única solución es saltar del auto en movimiento, antes de irse al precipicio: “Sálvate tú, que se desbarranquen ellos (los de la 4T) con el Presidente al volante”, es el mensaje a un hipotético ciudadano interesado en los asuntos públicos.

Y vente con nosotros, de paso, quienes observamos la carretera desde la orilla del camino. Estacionados en el acotamiento.

Sin embargo el auto es México. Nadie puede salir del vehículo en movimiento sin sufrir las consecuencias. Apostar a debilitar al Presidente, a meterle zancadillas, no a sensibilizar ni a negociar, es a todas luces un despropósito.

Así, todo lo sucedido del 1 de diciembre al 8 de julio tenía explicación o justificación pese a los intentos por desestabilizar y minar la confianza en el Gobierno federal. Desde la cruzada contra el huachicol hasta la cancelación del aeropuerto de Texcoco, pasando por la manifestación de policías federales o la crisis del sargazo en el Caribe, entre otros problemas.

A fin de cuentas todo cambio genera resistencia.

A siete meses de Administración, en cambio, la renuncia de Urzúa se puede considerar un punto de quiebre, un punto de inflexión. Y el daño está hecho. Es previsible que un sector moderado que apoyó a López Obrador hace un año, que le dio su voto de confianza o por lo menos el beneficio de la duda, ubicado al centro del espectro político, al que causa repelús la extrema izquierda y desconfía de la izquierda moderada, se pase al bloque opositor (aquellos que antes, durante y después de la campaña presidencial han tenido los mismos prejuicios y las mismas fobias). Una oposición que es más reacción que acción.

Si bien Urzúa no formaba un tándem junto a López Obrador, como sí lo hacían Fernando Elizondo y “El Bronco” en Nuevo León por compararlo de alguna manera, su presencia –como la de Elizondo en su día– tenía un valor simbólico: era el ancla neoliberal dentro de un barco que se supone no lo es.

Al mes 18 de la administración estatal, Elizondo abandonó el Gabinete de Nuevo León encabezado por “El Bronco”, en 2017. Su participación en él daba certeza principalmente a los empresarios de un estado que, como ningún otro en el país, desarrolla negocios. A partir de su dimisión la percepción pública sobre el Gobierno neoleonés no volvió a ser la misma y su aprobación se fue a pique.

Por eso llaman la atención los motivos expresados en la carta de renuncia. Particularmente que “se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”, o la “imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”.

Interpretando a contrario sensu el documento, la molestia principal de Urzúa eran las políticas públicas implementadas sin base en evidencia, y cargadas de extremismo. ¿Es para preocuparse, o nada más para levantar una ceja? Y también cabe preguntarse: ¿Era realmente insalvable la situación? ¿Tan poco prometedor está el horizonte?

Tratándose de los argumentos de quien conoce las entrañas del monstruo, se podría decir que sí. Sin embargo se conoce la forma de la renuncia, no las razones de fondo. Los motivos de Urzúa, personalísimos, pueden coincidir o no con la realidad.

Cortita y al pie

Las noticias en tiempos de redes sociales nacen y mueren en cuestión de horas. Avalanchas de nuevos acontecimientos sepultan sucesos importantes y el vórtice informativo arrastra sin dejar huella. Media hora después de la renuncia de Urzúa fue ascendido a su cargo el subsecretario del ramo, en un acto reflejo de contención de daños. Al final del día en la paridad cambiaría el peso sólo subió 25 centavos con respecto al dólar al cierre de los mercados.

La última y nos vamos

Por lo demás, no en la carta de renuncia de Carlos Urzúa, sino en la de Germán Martínez el 21 de mayo pasado, hay una frase lapidaria: “la Cuarta Transformación no son cambios burocráticos, sino revolución cultural”.

Pues eso.
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