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Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
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Rubén Aguilar Valenzuela. Licenciado en Filosofía, Maestro en Sociología y Doctor en Ciencias Sociales. Presidente Ejecutivo de Afan y Asociados, S.C. Es profesor de Ciencias Políticas y de Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Fue Coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República (2004 al 2006) y también de la Secretaría Particular del Presidente (2002 al 2004). Ha sido consultor de UNICEF, UNESCO, OEA, PNUD, BID, BM, UE y agencias de cooperación de Holanda, Alemania y Estados Unidos. En México del IMSS, DIF-Nacional, INI, la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de la Ciudad de México y de la Coordinación Presidencial para la Alianza Ciudadana. Fue editor de la revista Cuadernos del Tercer Mundo. Editorialista de El Universal (México), El Financiero (México) y articulista de las revistas Estrategia y Proceso. Actualmente su columna se publica dos veces por semana en El Economista (México) y una veintena de periódicos de los estados. Escribe mensualmente en la revista Etcétera temas de comunicación política. Es autor de quince libros. Los más recientes: La comunicación presidencial en México 1988-2012 en colaboración con Yolanda Meyenberg Leycegui (2015), Los saldos del narco: el fracaso de una guerra, en colaboración con Jorge Castañeda (2012), y La Sociedad Civil en México (2012).

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12 Noviembre 2018 04:00:00
Van dos y puede haber más
En las sociedades democráticas hay actores diversos que se expresan y actúan. El Gobierno es uno, pero también está el mercado (las empresas) y la sociedad civil. Los tres integran el Estado.

No ocurre así en las sociedades con gobiernos dictatoriales o autoritarios donde el Gobierno es el único actor que cuenta. Los demás se sujetan a sus designios.

El presidente electo y los suyos, todavía sin llegar al cargo, actúan en la lógica de que ellos son el único actor y sus actos no tendrán más consecuencias que las deseadas por ellos.

La suspensión de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco ha provocado reacciones negativas de los mercados y de las calificadoras de la deuda.

A eso hay que añadir la desconfianza que se ha generado en el sector empresarial, tanto nacional como internacional. Si sólo a voluntad del presidente se puede suspender una obra, ya comprometida, todo se puede esperar.

El costo, para las finanzas del país ha sido de decenas de miles de millones de pesos. Y también ha sido alto el costo político a pagar por el nuevo presidente. No podía ser de otra manera.

Morena, el jueves pasado presentó una iniciativa de ley con la prohibición para que los bancos cobren ciertas comisiones que ahora cargan a sus clientes.

La reacción inmediata de los mercados, un actor del Estado, provocó la pérdida de 82 mil 124 millones de pesos en valor de capitalización de los bancos que cotizan en la Bolsa local, la caída más alta de los últimos 10 años.

El nuevo gobierno y su Congreso tiene la mayoría en ambas cámaras, reaccionó con rapidez ante la crisis que generaron y dieron marcha atrás.

Se comprometieron, antes de seguir con su iniciativa, consultar con los sectores involucrados. Para calmar la crisis dijeron también que no se va a afectar a nadie y que actuarán con responsabilidad.

El futuro gobierno lleva ya cinco meses que actúa como tal, en las dos ocasiones aquí planteadas toma decisiones como si fuera el único actor del Estado.

La autoridad en una sociedad democrática, antes de tomar cualquier decisión, debe siempre medir el impacto de sus decisiones y las posibles reacciones de los otros actores del Estado.

No puede, sin más, y de manera irresponsable, actuar como si fuera el único actor. Si lo hace así puede causar, de hecho causa, enormes daños al país y al propio Gobierno.

La autoridad debe actuar, con responsabilidad, en la acción concertada con los otros actores del Estado como lo plantea la gobernanza.

No se trata que el Gobierno o los otros poderes del Estado no hagan lo que consideren deben realizar en bien del país. En una sociedad democrática se exige la negociación y el acuerdo.

El nuevo Gobierno se equivoca si piensa que puede hacer lo que le venga en gana, como si fuera el único actor. Eso sólo ocurre en las sociedades dictatoriales o autoritarias.

Tiene que asumir, en independencia de los votos que obtuvo, que hay otros actores que van a reaccionar si no se les toma en cuenta a la hora de tomar decisiones. Vale más sentarse a la mesa y dialogar.
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