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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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13 Junio 2020 04:00:00
Vandalismo
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Todos tenemos derecho a la manifestación de ideas; a exponer nuestra inconformidad por alguna situación que consideremos injusta o arbitraria. Sin embargo, a lo que nadie tiene derecho es a tomar las calles para realizar actos de agresión a terceros y provocar destrucción a su paso.

Las calles, hay que decirlo, se fueron tomando como una medida de presión a los gobiernos, cuyos funcionarios no pueden o no desean resolver los casos que la gente reclama. Así, de esa manera lo mismo hay plantones, marchas, gente perteneciente a agrupaciones sociales o políticas que exigen solución a sus problemas.

Lo mismo han salido jóvenes estudiantes, que amas de casa o profesionistas. La manifestación es un derecho, sí, pero siempre y cuando sea ordenada y no cause daños a terceros porque entonces esos supuestos derechos que tanto pregonan ciertos grupos radicales conformados por jóvenes que ocultan el rostro, dejan de existir.

Y digo “supuestos derechos” por una sencilla razón: nadie tiene derecho a destruir el patrimonio de terceros, a agredir y a faltarle el respeto a quienes van en busca de la noticia, los reporteros que están realizando su trabajo en las calles de la ciudad o donde esté la noticia.

No, nadie puede escudarse en la edad, en su ideología ni anteponer su espíritu destructivo a la razón y al respeto que todos merecemos.

Las calles de la ciudad de México se han convertido en concentración del desorden, de la arbitrariedad, donde jovenzuelos lo mismo realizan pintas a edificios históricos, monumentos, dependencias que destruyen el patrimonio de familiar.

No hay nadie que los detenga. Calles vacías de autoridad donde los delincuentes de deleitan destruyendo, porque se sienten cobijados con el manto de la impunidad de un gobierno que no quiere ejercer su obligación de mantener el orden.

Obligación, deber de brindar seguridad a sus ciudadanos.

Hoy, jovenzuelos sin oficio ni beneficio salen a las calles con el propósito de lanzar consignas y protestas por lo que sea. “Es que tienen derechos” dice la jefa de gobierno. “Nosotros no vamos a reprimir”.

¡Qué argumento tan pobre! Y qué actitud tan pasiva como insultante. Una clara demostración de falta de respeto a los ciudadanos que sufren agresiones de verdaderos delincuentes.

No se trata de reprimir, sino de imponer el orden. Se trata de ponerle un alto al que destruye, al que agrede, a aquel que no respeta. Hacerles ver que toda acción violenta tendrá consecuencias. Enviarles un mensaje, advertirlos de que los daños que ocasionen a negocios o propiedades deberán ser cubiertos por ellos. Si son menores de edad, habrá que involucrar a los padres. No queremos que salga la familia a rescatar a “sus muchachitos” cuando se sienten “agredidos” sino que los aparten de las calles a donde han salido a dañar.

En plena pandemia, la que desde que se inició, ha mantenido a los ciudadanos en resguardo domiciliario, con sorpresa vemos que grupos de jóvenes salen a las calles a protestar por hechos que consideran “reprobables” y arremeten contra las corporaciones policíacas.

La supuesta inconformidad por parte de jóvenes que exigen justicia no justifica de ninguna manera la agresión, vandalismo y destrucción que realizan cada vez que salen a la calle.

Se molestaron porque una compañera de actos vandálicos tropezó y cayó, siendo agredida por policías. Sin embargo ¿quién se ha interesado por el estado de salud de periodistas agredidos? ¿Quién se ha inconformado porque un policía fue rociado con gasolina y prendido fuego? ¿Qué autoridad ha detenido a quienes sembraron el terror en negocios?

Resulta inexplicable que después de realizar sus destrozos, los jovenzuelos, se dirigieron a una estación del metro. Algunos se fueron quitando sus capuchas; lo que significa que se descubrieron el rostro. En un video se observa cómo sacan de sus mochilas, las herramientas (martillos y demás) que fueron utilizadas para amenazar a periodistas, destruir cristales, puertas y todo lo que encontraron a su paso. Se despojaron de las playeras negras para no ser reconocidos. ¿A qué grupos pertenecen?

Que no digan las autoridades que no saben quiénes son. Con revisar las cámaras de seguridad, encontrarían la respuesta. En el video se observan policías o guardias de seguridad entre el grupo de jóvenes que esperaban el vagón del metro. ¿Los estaban cuidando?

Cuando una autoridad protege a la delincuencia está mostrando su desprecio a los ciudadanos, a empresarios, comerciantes que después de mantener cerrados sus negocios, debido a la pandemia, empezaban a abrirlos.

¿Quién pagará los daños millonarios que dejaron a su paso? ¿Inconformes? Tal vez sí, pero con ellos mismos. Ya debería haber un castigo para quien salga a las calles con el propósito de destruir y vandalizar.
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