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Eduardo Brizio
Eduardo Brizio
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El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción. Correo Electrónico: [email protected]

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05 Marzo 2010 04:55:17
Veinte años después
Cuauhtémoc Blanco paga caro desempeñarse en Primera A para ser director de orquesta del tri; se vio lento, errático y fuera de ritmo.

¿Qué les pareció, estimados lectores, la actuación de la Selección frente a su similar de Nueva Zelanda? A mi opinión, fueron dos partidos, uno en el primer tiempo y otro en el segundo.

Ante un rival a modo, bien parado a la defensiva, con presencia físicoatlética, pero muy chato e inoperante a la ofensiva, sin variantes ni creatividad, tanto así, que no recuerdo una sola aproximación de gol durante todo el encuentro.

Para mi gusto, el hombre del partido se llamó Cuauhtémoc Blanco, en virtud de que mientras estuvo en el terreno de juego, su actuación dejó mucho que desear, se vio lento, errático, fuera de ritmo. Para que, una vez sustituido, el equipo se trasformara, cambiando radicalmente de velocidad, volviéndose mucho más dinámico, sorprendiendo a los neozelandeses, desequilibrando el duelo a favor de los nuestros.

En su momento señalamos lo inconveniente que resultaría que el jorobado de Tlatilco se fuera a jugar a la División de Ascenso a unos cuantos meses de la justa mundialista y hoy el “10” está pagando el precio. No se necesita ser muy inteligente para saber que el nivel futbolístico en la otrora Primera A, es de regular a bajo y dista mucho de ser el idóneo para estar a punto con el fin de convertirse en el director de orquesta del representativo nacional de cara a una Copa del Mundo.

Falló 80% de los pases, muchas veces terminó en el césped reclamándole al silbante una supuesta falta que era inexistente, evidenciando que cuando juega con los Tiburones, es el subterfugio que utiliza cada que es despojado de la esférica, en complicidad con los silbantes, quienes presionados por la tribuna y ante la jerarquía del Temo, no tienen empacho en regresarle la pelota, infracción de por medio.

Lo mejor que hizo, fue cuando ejecutó un tiro de esquina y con ese toque privilegiado que posee, le puso un bombón en el límite del área grande a Jonathan dos Santos, quien con una enorme y educada técnica individual, prendió el balón de volea, como viene, para estrellarlo en el travesaño de la meta enemiga.

Nadie pone en entredicho las páginas gloriosas que ha escrito enfundado en la casaca verde (ahora negra), pero el tiempo no perdona, no es lo mismo los tres Mosqueteros, que… veinte años después.
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