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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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21 Noviembre 2018 04:05:00
Vencer la corrupcion
Andrés Manuel López Obrador ganó la elección de este 2018 porque supo promover la idea de que él representaba la mejor opción en la lucha contra la corrupción. Todos los candidatos afirmaban que la combatirían, pero los electores pensaron que sólo él podía cumplir. Su promesa era no solamente disminuirla sino erradicarla; además, de forma constante, cuestionaba a los políticos del “PRIAN” porque, según él, “no tienen llenadera”, “no se cansan de robar”.

Fue tan grande la expectativa generada por las promesas de campaña que el riesgo de decepción ahora se vuelve enorme. No tengo dudas de la honestidad personal de Andrés Manuel, pero su visión de la corrupción es muy parcial, mientras que las medidas que ha anunciado para combatirla no sólo no le harán mella sino que podrían agravarla.

El presidente electo ha impulsado una serie de acciones que ni siquiera parecen entender la naturaleza de la corrupción. El que el futuro presidente se baje el sueldo a la mitad no lo hace ni más ni menos corrupto que sus predecesores. El presidente de Suiza gana más de 500 mil dólares al año y el de Venezuela menos de 50 mil, pero todo indica que Nicolás Maduro es mucho más corrupto que su contraparte en Suiza.
Bajar a la mitad los sueldos de los altos funcionarios tampoco es una medida contra la corrupción. Recibir un sueldo por la realización de un trabajo no es un acto de deshonestidad. La reducción en los salarios de los funcionarios ordenada por el presidente electo, por el contrario, puede provocar la pérdida de personal calificado y honesto y aumentar los incentivos para la corrupción. Por lo pronto, ya ha habido una serie de renuncias y retiros anticipados en el Banco de México y en otras instituciones y dependencias en las que se realizan labores especializadas. Al final tendremos funcionarios menos calificados, más ineficientes y, quizá, menos honestos.

Otras acciones anunciadas por López Obrador también podrían crear nuevas barreras para cumplir su promesa de eliminar la corrupción. El presidente electo, por ejemplo, acusó a las empresas contratistas del nuevo aeropuerto de Texcoco de ser corruptas sin presentar ninguna prueba de ello, lo cual es de por sí un acto de corrupción. Después que canceló el proyecto, sin embargo, anunció que compensaría a estas firmas con contratos en otros proyectos. Esto sería un triple acto de corrupción: por no tomar medidas para sancionar a las empresas que hayan cometido actos ilegales, por entregar a estas mismas firmas nuevos contratos de obra pública y por hacerlo a través de asignaciones personales del presidente en lugar de a través de licitaciones públicas como ordena la ley.
López Obrador ha dicho que él combatirá la corrupción con el ejemplo. La experiencia nos dice, sin embargo, que la forma real de reducir esta conducta es a través de buenas prácticas, como sancionar a las empresas y a los funcionarios que cometan actos ilícitos o como otorgar contratos gubernamentales solamente a través de licitaciones públicas y transparentes.

Ningún presidente, por honesto que haya sido, ni siquiera Benito Juárez, eliminó la corrupción sólo con su ejemplo. Los países del mundo que han tenido éxito en la lucha contra la corrupción lo han logrado por medio de buenas prácticas institucionales, las cuales acotan las decisiones discrecionales de todos los funcionarios, empezando por el gobernante.

Crimen ambiental

Cualquier empresa que desmonte 300 hectáreas de terreno para un proyecto productivo antes de tener el manifiesto de impacto ambiental está violando la ley. El que lo haga un gobierno para una refinería que todavía no tiene autorización, como la de Dos Bocas, es un crimen ambiental.
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