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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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13 Enero 2009 04:59:04
Ventisca
La semana pasada cayó una nevada “histórica” en Madrid, España. Fue tal la cantidad de nieve que colapsó las carreteras, cerró el aeropuerto y sembró el caos entre los ciudadanos madrileños.

De inmediato el partido que gobierna Madrid criticó al del presidente Rodríguez Zapatero, que gobierna al país, y este último hizo oposición al Partido Popular en la capital. Se reprocharon mutuamente no tomar las medidas pertinentes ni prevenir con eficacia el meteoro. Disputaron la pertinencia de las medidas tomadas para recuperar la vida cotidiana después del alud, criticaron los planes de contingencia y la secretaria encargada del tema comparecerá ante el Congreso a rendir su informe.

En una palabra lisa y llana: el gobierno y la oposición “politizaron” la avalancha de nieve que atrapó a miles de ciudadanos en Madrid y sus alrededores. Disputaron en radio, televisión y prensa el desempeño de sus gobiernos. Aprovecharon la oportunidad para criticar (los que están en la oposición) y defender (los que están en el gobierno) las medidas de protección civil contra ese fenómeno natural.

Nadie se quejó de que se estaba “haciendo política”. Porque evidentemente eso es lo que debe hacerse frente a una medida gubernamental: criticarla, apoyarla o sugerir modificarla, y cuando se critica, se apoya o se busca modificar una decisión de gobierno, se está haciendo política. Se está llamando a los ciudadanos a “tomar partido” en las cosas públicas, en los asuntos de la polis.

Dicho lo anterior, en México, en algunas ocasiones, cotidianamente se hace política y se niega, también, sistemáticamente, que se haga política. El término “política” tiene mala reputación, pero indudablemente la política es la gestión del interés general.

Las medidas que toma el Presidente, un gobernador o un alcalde son medidas públicas y, por tanto, políticas; y pueden ser criticadas o avaladas por los actores políticos, para que los ciudadanos se formen una opinión de soporte o de rechazo a esas medidas decididas por sus gobernantes. ¿Qué hay de malo en apoyar o enfrentarse, pacífica y democráticamente, a un acto de gobierno?

Frente a la crisis económica es claro que no hay los problemas inflacionarios como cuando gobernaba el PRI. La inflación anual promedio de 1970 a 2000 fue de 34%, de 1980 a 2000 de 39%, en los 90 de 17.5%. Desde que gobierna el PAN es de 4.6%.

El PRI, desde 1972 hasta 1999 (casi 30 años), entregó en el Infonavit 2 millones de créditos para vivienda.

Sólo Fox, en seis años entregó esos 2 millones de casas. Calderón lleva ya en sólo dos años más de un millón y medio de créditos para vivienda. Decir esos datos y apoyar desde un partido al gobierno del Presidente y sus programas de gobierno, ¿qué tiene de malo?

El PRI apoya a sus gobernantes. Incluso en el estado de México apoya, en anuncios de calle, la construcción del Tren Suburbano del presidente Calderón, en el que el gobierno mexiquense no tiene ninguna participación significativa.

Rechazar que el PAN pueda apoyar las medidas del presidente Calderón sería tan antidemocrático como rechazar que el PRI las pudiera criticar. El proceso electoral es y será la ocasión propicia para ese debate. Lo demás es ventisca de temporada.

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Después del encuentro Obama-Calderón, se demostró que la nueva página en las relaciones entre México y Estados Unidos se puede escribir sin Jorge Castañeda, pero no se debe dejar de escuchar la inteligencia de Jorge Castañeda para redactarla.
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