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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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03 Febrero 2009 04:28:37
Veracruz, agitado
El andamiaje institucional es obsoleto y ha sido rebasado, pero sus personeros son indiferentes a ello: Agosto Roo

I

El Estado de Veracruz está agitado. La agitación es social y tiene expresión política, pero sus causales son identificables: el poder político del Estado veracruzano, adherido a la federación de Estados Unidos Mexicanos (o México), un supra Estado federal, exhibe cortedades cruciales en su funcionalidad.

Cierto. Ese poder político del Estado veracruzano se representa en las instituciones de gobierno de competencia ejecutiva, legislativa y judicial, pero su jefe es, por ministerio constitucional, el gobernador Fidel Herrera Beltrán, así investido electoralmente en 2004. El Gobernador es el titular del Poder Ejecutivo local.

Dadas esas potestades, el Gobernador es, en los hechos, un presidente si se toma en cuenta que la cultura política y las costumbres y tradiciones del poder en el Estado mexicano y, desde luego, el Estado veracruzano, los móviles y el alcance de sus acciones son metaconstitucionales, propias de una satrapía.

Por supuesto, los gobernadores de los 31 Estados e incluso el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, la capital de la federación de Estados Unidos Mexicanos, son responsables ante sus electorados respectivos vía el Legislativo local ante el Congreso de la Unión o Poder Legislativo federal.

Pero esos mecanismos son mediatizadores –como las comisiones estatales de derechos humanos y otras instancias de simulación— y responden a convencionalismos y formalismos pseudomorales que úsanse, eso sí, para castigar deslealtades de los propios personeros del poder al gobernante o quebranto de adhesiones a éste.

II

La frivolidad con la que se ejerce el poder político en el Estado veracruzano ha conducido, al igual que en otros Estados, a una descomposición general: y ésta, por su dialéctica misma, devenido en crisis. Son condiciones conducentes y propicias a la ingobernabilidad: asesinatos, secuestros, insurgencias cívicas e incluso armadas.

Todas esas ocurrencias documentadas son expresiones insoslayables, por claras, de un descontento e irritación social. Hay un gobernador, respetable por su investidura y condición humana, pero también hay, a la vez, desgobierno, consecuencia de miopías, prácticas excluyentes propias del hampa, corrupción y complicidades inconfesables.

El fenómeno tiene fehacencia en un contexto de desigualdad e injusticia –pobreza, desempleo, inseguridad pública y social, desesperanza— y el ejercicio inicuo del poder político. Ello, aunado a la ineptitud y corrupción del poder político, ha creado entornos conturbadores.

En Veracruz, nadie está seguro; que se lo digan a la familia Yunes, la originaria de Soledad de Doblado (existen otras vertientes, una de ellas proveniente de Perote y otra del norte del ámbito veracruzano), dedicados aquellos y éstos a los negocios, a la política, a la educación. Como sabríase, José Antonio Yunes Zamudio, primo hermano de Miguel Angel Yunes Linares, funcionario del Gobierno federal –es director general del ISSSTE— fue asesinado el 29 de enero en su domicilio particular. Éste episodio sacudió y ha conturbado a no pocos en Veracruz, acusadamente a políticos y empresarios.

El móvil aparente del crimen fue el robo. Los asesinos se alzaron con bienes diversos –joyas, sobre todo— por un valor calculado en unos dos millones de pesos. Pero ese aspecto del sucedido despide un tufillo burdo a coartada, pues han sido discernidas ciertas circunstancias en la ocurrencia del episodio.

III

Una de esas circunstancias es la de que los asesinos llamaron a la puerta y se les permitió la entrada, lo cual sugiere la posibilidad de que aquellos eran conocidos del hoy occiso o que éste los esperaba. Los disparos que le segaron la existencia a Yunes Zamudio fueron precisos, diríase en el argot policiaco que “muy profesionales”.

El señor Yunes, por supuesto, es percibido como potencial precandidato postulado por el PAN, aunque su carrera como político se ha desarrollado en la cultura del priísmo. El “Establishment” panista en Veracruz no lo acepta del todo o, si acaso, lo hace con reticencias y condicionalmente; lo considera un advenedizo.

Pero, según sondeos confiables acerca del sentir y el parecer realizados en muestras representativas de la ciudadanía veracruzana, a don Miguel Angel se le considera con más posibilidades de ser elegido gobernador que a los rancios panistas Juan Bueno Torio, Gerardo Buganza y Julen Rementería, a quienes se les registra cuales modositos catrines.

Más no es sólo el asesinato de Yunes Zamudio el indicador de la degradación del poder político del Estado veracruzano. Pero sí exhibe una realidad abrumadoramente insoslayable, una de cuyas moralejas podrían ser enraizar la percepción social de que las diferencias políticas son dirimidos al margen de la ley.

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