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Sonia Villarreal
Sonia Villarreal
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Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación. Regidora en el Ayuntamiento de Piedras Negras. Secretaria General del Comité Municipal del PRI. Secretaria Técnica del Ayuntamiento. Directora General de Desarrollo Social en el Municipio. Directora del Registro Público de la Propiedad y del Comercio. Secretaria de la Secretaría de las Mujeres en el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. Diputada Local por el XVI Distrito Electoral, Presidente del Comité Municipal del PRI, Presidente Municipal de Piedras Negras Administración 2018. Actualmente Subsecretaria de Coordinación Interinstitucional en Materia de Seguridad.

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23 Noviembre 2019 04:00:00
Vestida y alborotada
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Hay ocasiones en que suceden cosas que no puedes creer, que si no las ves, las escuchas, o las vives, simplemente… No las crees.

Hace unos días estuve en una pequeña ciudad del centro norte de nuestro país, un pueblo hermoso de los que conocemos como “Pueblos Mágicos”, atardecía, pero aún tenía un poco de tiempo libre, así que entré a una pequeña fonda a trabajar en mi computadora.

Estaba sumamente concentrada cuando derrepente se armó un alboroto en el lugar. Había una chica vestida de novia, joven, no más de 30 años, lloraba y maldecía al hombre que sin escrúpulo alguno la había dejado plantada en el altar. No era lugareña, ella, su familia y amigos, se habían trasladado desde otro estado para realizar el importante acontecimiento, lo sé porque no paraba de decirlo.

Nada la detuvo para manifestar escandalosamente sus sentimientos. Pasaban los minutos y no podía concentrarme en lo que hacía, disimuladamente la miraba y luego fingía leer la pantalla. Así estaba cuando vi a un niño de escasos 6 o 7 años acercarse a ella, le compartió del helado que en ese momento consumía en aquella fonda.

La chica lo miró y fue amable, lo aceptó con una sonrisa, es increíble lo que un acto tan noble y sencillo como ese puede detonar. Yo no era la única que estaba pendiente de aquella escena, y por la reacción de todos los presentes, creo que sentimos la misma emoción: Uno tras otro se fueron poniendo de pié para abrazar a aquélla joven mujer. Yo tenía la piel de gallina, pero no sabía si ser parte de aquél emotivo momento o solamente observar.

El niño, sin saberlo, fue empático, era imposible que entendiera la magnitud de lo que pasaba, pero tuvo la capacidad de sentir su tristeza y sin pensarlo, la entendió, la comprendió, he hizo lo que estaba en sus manos para consolarla.

Estaba conmovida, pero en medio de aquella escena que imaginas “solo pasa en las películas”, la joven mujer pidió un teléfono, pasaron unos segundos antes de que alguien pudiera ofrecérselo, mientras, secaba sus lágrimas y trataba de borrar el maquillaje que corría por su cara. Cuando tuvo el teléfono hizo una llamada hablando entre sollozos.

Entregó el teléfono y se fue al baño mientras cada quien regresaba a lo que estaba haciendo en el momento en el que ella entró. Yo volví mi atención a la computadora reflexionando en lo que acababa de vivir cuando se escucharon unos aplausos. En esa llamada que realizó, pidió a su familia que llevaran todos los regalos que había recibido y los empezó a repartir, así, al azar, envueltos en elegante papel blanco.

Ya no había lágrimas en su rostro, había paz y una marcada sonrisa. Fue increíble, pero en tan solo unos minutos todos entendimos que lo importante no solo es vivir, sino vivir con humanidad, aunque te hayan dejado vestida y alborotada cuando vas hacia el altar. Y tú…¿Qué opinas?.
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