0
×
1
Fernando de las Fuentes
Fernando de las Fuentes
ver +

" Comentar Imprimir
15 Junio 2019 03:59:00
Vida insustentable
Si su estilo de vida depende hoy de sus tarjetas de crédito y estas, a su vez, del trabajo que actualmente tiene, cuya seguridad no está bajo su control, tiene una sostenibilidad personal ficticia y, por tanto, un estatus insustentable. Como casi cualquier clasemediero del mundo.

Si pierde su empleo y no encuentra otro rápidamente, no podrá solventar su adeudo ni, por tanto, mantener los bienes y servicios que le otorgan su condición social. De hecho, evidentemente aumentará la deuda, pues los plásticos permitirán durante algún tiempo –en el que estaremos esperanzados hasta el último minuto en conseguir ingresos fijos– mantener el carril de gastos.

Este esquema lo conocemos casi todos, y aun así actuamos como si no hubiera posibilidad de que pasara, “no a mí”.

Se trata de un comportamiento irracional en muchos sentidos. En primera instancia, porque un estilo de vida como ese está basado en lo que se puede adquirir, o sea, en el poder adquisitivo, y no en la satisfacción de las necesidades reales, es decir, en el consumo razonado. En segunda, porque es alta la probabilidad de que a cualquiera sí le pase lo que le pasa a otros tantos millones de personas.

Al menos en occidente y buena parte de oriente, la situación predominante de las clases medias es la descrita en los párrafos anteriores. La esclavitud financiera, se le llama. Esto significa que la mayor parte de las personas en el mundo lleva un estilo de vida personal de baja sustentabilidad. Un día dejará de brotar el recurso de la fuente y no habrá podido tapar las fugas. Esta sería la analogía correcta.

Y esto es lo que hacemos con todo en el planeta: con los recursos naturales, con otras criaturas vivas, con los espacios comunes y con el afecto de nuestros semejantes. Abusamos, como si no hubiera un mañana, como si fuéramos autónomos respecto de todo lo que está fuera de nosotros, o como si fuéramos lo más importante que existe.

Con una falta de sensibilidad inaudita, los humanos maltratamos y/o abandonamos a nuestras mascotas, desperdiciamos el agua, generamos cantidades inmanejables de basura, usamos los espacios públicos como si fueran de nuestra propiedad y manipulamos a otros para que hagan lo que queremos.

Incluso nuestro sistema mundial de derechos humanos está fundado en la supremacía del derecho individual sobre el colectivo. Hemos constituido una civilización depredadora, despilfarradora, sojuzgadora y excluyente. Nosotros, las personas comunes y corrientes, no las élites del poder. Esas solo lo aprovechan muy bien. Culparlas, por supuesto, nos permite evadir nuestras responsabilidades.

Una de ellas es reelaborar personalmente nuestra ética, ese conjunto de normas morales ya caduco por individualista. Necesitamos una ética sustentable y para la sustentabilidad en todos los ámbitos.

Hasta ahora hemos confinado el término al ámbito de lo ecológico, pero en realidad es de gran amplitud. El deterioro que le hemos causado al planeta no es más que una manifestación de la crisis que vive la civilización, a partir de una ética insustentable, desconectada de la conciencia, que lo mismo aprueba y participa en un linchamiento presencial, que en uno virtual.

Un mundo simulador, en el que las empresas transnacionales más depredadoras resultan ser expertas en responsabilidad social y sustentabilidad, porque así lo requiere su estrategia de mercadotecnia, y preferimos creerles para no dejar de consumir su veneno. ¿Tenemos derecho a ello? ¡Claro! ¿Es esto una ética sustentable y para la sustentabilidad? Usted dígamelo.

Construimos mega desarrollos habitacionales de lujo con albercas en ciudades que ya están saturadas y, obvio, mostrando agotamiento de posibilidades de convivencia armónica y satisfactores básicos.

Mientras no nos alcance el destino en persona, pues que se las arreglen las generaciones venideras. Esta es la actitud y también la ética predominantes, porque el reclamo de un derecho individual a ultranza está moralmente justificado.

Triste, pero verdadero.
Imprimir
COMENTARIOS


9

1 2
  • 3 4
  • 0
6 7
8 9 0 1 2 90 91 92 93 94 95