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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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27 Julio 2010 03:15:56
Viene la presión
"Si usted ha seguido esta columna por algún tiempo, sabrá que tenemos una preocupación permanente con el petróleo."

En realidad, no con el petróleo por sí mismo, sino por su importancia para el equilibrio de las cuentas en el país. Las cuentas del gobierno, pero sobre todo las cuentas externas. Si, por puro milagro, usted recuerda las primeras publicaciones de Economía Informal, allá por 1993, comprenderá muy bien nuestras razones.

La principal dificultad de la economía mexicana es que no producimos lo suficiente. Así, cuando la economía crece, y la gente tiene dinero y demanda más bienes, no los podemos producir y las importaciones crecen muy rápidamente. Las exportaciones no pueden hacerlo al mismo ritmo (precisamente porque no producimos bien), y tarde o temprano tenemos un déficit que no podemos financiar, y viene una crisis. Este fenómeno lo hemos visto desde los años 60, y es el origen de las crisis de 1976, 1982 y 1994. De hecho, fue precisamente en vísperas de esa última crisis que Economía Informal hacía tanto énfasis en el déficit en cuenta corriente, que no era financiable. Y no lo fue.

La preocupación que tenemos con el petróleo, decíamos, no tiene tanto que ver con el hidrocarburo en sí, sino en su impacto en las cuentas del país. No nos damos cuenta, pero son las exportaciones de petróleo lo que nos permite importar mucho más de lo que exportamos. Desde 2006 las importaciones superaron a las exportaciones por más de 30 mil millones de dólares cada año, hasta que la crisis de 2009 (que no fue nuestra) limitó esa diferencia. En esos años, del 2006 al 2008, el petróleo permitió que tuviésemos ese gran déficit en el resto del comercio sin mayores contratiempos. En cada uno de esos años el saldo del petróleo menos los combustibles superaba 20 mil millones de dólares, de forma que el déficit total no era demasiado grande. Aún así, creció de 6 mil millones de dólares en 2006 a 17 mil millones en 2008. Hubiese superado los 20 mil millones el año pasado sin la crisis.

En lo que va del año, el saldo de petróleo menos combustibles casi alcanza 8 mil millones de dólares, que no es una mala cifra, pero que es 20% menor a la que se obtuvo en el primer semestre de 2007, cuando los precios de esos bienes eran parecidos a los de hoy. Sin embargo, ya el dato del mes de junio no es tan bueno. El saldo de petróleo menos combustibles será de cosa de 800 millones de dólares (no tenemos aún el dato de importaciones de combustibles, pero la estimación es razonable). Fuera de los meses más complicados de la crisis, en el primer semestre de 2009, no habíamos tenido un mes con un superávit tan pequeño en este renglón desde 2001, cuando el precio del crudo era menos de la mitad del de hoy.

Se puede argumentar que las exportaciones de crudo en junio fueron muy bajas, porque en mayo se exportó más allá de lo normal, pero aún considerando ambos meses en conjunto, el saldo de petróleo menos combustibles apunta, cuando mucho, a 15 mil millones de dólares anuales. Es 25% más bajo de lo que fue hace apenas tres años, con precios similares. Afortunadamente, el déficit en el resto del comercio no ha recuperado los niveles previos a la crisis.

Para 2011, si todo sigue como hasta ahora, el comercio exterior del país se habrá recuperado casi por completo. Afortunadamente, estaremos exportando más que antes de la crisis, gracias a los ajustes de producción, especialmente en la industria automotriz. Sin embargo, el déficit del resto del comercio para el próximo año ya estará en los niveles previos a la crisis, es decir, entre 35 y 40 mil millones de dólares. En cambio, el saldo positivo de petróleo menos combustible difícilmente alcanzará los 10 mil millones de dólares. Aún manteniendo la producción de petróleo en el nivel actual, algo que no parece posible, el incremento de importaciones de combustibles continuará reduciendo este superávit.

Todo lo anterior no implica que vayamos a tener una crisis en 2011 como las que vivimos en 1976, 1982 o 1994. Incluso es posible que libremos el 2012, pero indudablemente ya estaremos en el camino que originó las crisis mencionadas: un incremento en importaciones que no puede compensarse con exportaciones. Puesto que en el resto de la cuenta corriente las cuentas prácticamente se equilibran (ingresos de remesas contra egresos de servicios financieros), el déficit comercial no tiene otra forma de financiarse que con ingresos de capital. Los ingresos de capital, y las reservas internacionales, son capaces de aguantar un déficit en cuenta corriente por un par de años, pero no por mucho más tiempo, si este déficit supera el 3% del PIB. En dólares, más o menos 30 mil millones al año.

Reitero, ni este año ni el próximo tendremos un déficit en cuenta corriente de esa magnitud, pero todo apunta a que lo alcanzaremos hacia finales de 2011 y seguramente en 2012. Como decíamos, entre los ingresos de capital y las reservas internacionales el riesgo de una crisis en ese año se diluye mucho, pero la presión para el siguiente gobierno será muy grande.

Como en 1993, conviene saberlo con tiempo, porque se puede actuar. En aquella ocasión no se hizo nada, pensando que el NAFTA resolvería el problema. No dio tiempo, y menos cuando 1994 se convirtió en un año nefasto. Hoy se pueden tomar decisiones, aunque los equilibrios políticos indiquen lo contrario. Pero no actuar tendrá un grave costo, y hay que hacerlo evidente desde ahora.

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