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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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04 Diciembre 2019 04:01:00
Villa Unión, la crónica de un contexto
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A ningún habitante del noreste mexicano nos es ajeno el sonido de percusión por arma de fuego; detonaciones, persecuciones, desapariciones y muchos fenómenos de esta naturaleza han sido la constante en las últimas décadas para nuestro México.

Incluso, estamos riesgosamente rayando la línea de la habitualidad, la costumbre.

Mucho se ha dicho desde las diversas plataformas políticas y desde los muchos medios de comunicación. ¿La constante? Nadie tiene la verdad absoluta. Solo hay que voltear a ver el actuar del recién llegado Gobierno Federal.

Como oposición, Morena pregonó estudios, diagnósticos, soluciones frívolas al vapor de las campañas, sin embargo, hoy como Gobierno, los hechos rompen con esa supuesta verdad absoluta y los ponen en un espejo bañado de realidad en el cual parecen no encontrar el rostro.

Tras el ataque en Villa Unión, Coahuila, es de reconocer la inmediata respuesta del gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, quien rápidamente respondió con una visita al ayuntamiento de ese municipio y a su Alcaldesa, con el objetivo de gestionar y trazar caminos hacia el refuerzo de la seguridad en la región. Esa ha sido la constante de nuestro Gobernador y, es de reconocer la fuerza y vigor que impregna a su gestión para mantener la paz en Coahuila, a pesar del incremento en datos de criminalidad y delincuencia en el resto del norte de México.

El libro Narcoamérica, de los periodistas Alejandra S. Insunza, José Luis Pardo y Pablo Ferri señala que solo en 2014 de Los Andes a Manhattan se movieron más de 320 mil millones de dólares a través del crimen organizado, lo que equivale al 1.5% de PIB mundial. El Presidente de México habló en campaña precisamente del tema: seguir la ruta del dinero.

La realidad es compleja. El crimen organizado, más allá de ser un problema de terrorismo, de guerrilla, por regiones o de negocio al amparo de administraciones públicas, es un problema de especulación financiera, es una semilla arraigada al capital más salvaje, es una guerra permanente para la desestabilización y especulación en las diversas regiones de nuestro país. Es una trinchera política para las venideras elecciones de nuestro vecino del norte, es una plataforma permanente de debate para los flujos de migrantes, de aquí resultará en quien marcará la pauta en los costos de estos flujos y el precio final al mercado de estas mercancías ilícitas.

Desafortunadamente para los Coahuilenses somos zona de paso, somos una región de transito y a pesar de los grandes esfuerzos que se hagan desde lo estatal, sin el apoyo federal resulta complejo, más aún, sin políticas claras en torno a la producción y venta de drogas en el país, con un marco legal absurdo que parece no tomar forma, cada día será más complicado.

¿Por dónde caminar, entonces?
La estrategia de los últimos gobiernos coahuilenses ha sido clara. El compromiso del gobernador Riquelme, notable: promover la inversión en el estado, buscar que se detonen excelentes ofertas de trabajo, brindar a los coahuileses alternativas por demás diversas para estudio y recreo, actividades culturales de manera permanente y una comunicación abierta con ayuntamientos; esta ha sido lo constante que más ha impactado en beneficio del control de la seguridad de nuestra entidad, por ende, brindar paz y prosperidad a nuestra gente.

El tema es por demás complejo, pero como se ha venido señalando en los últimos días: con la unión de todos es posible. Sigamos con la frente en alto.
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