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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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11 Agosto 2019 04:00:00
Violencia en primera página
Era una ley no escrita: al reportero recién contratado se le asignaban las fuentes policíacas, esa sección del periódico conocida también como nota roja. Es difícil que alguno de los viejos periodistas de aquella época no haya iniciado su carrera, libreta y bolígrafo en mano, en la barandilla de una estación de policía o frente al escritorio de un agente del Ministerio Público. “Es recomendable que el reportero joven se endurezca trabajando la nota roja, pero también es aconsejable que no permanezca en eso tanto tiempo como para que se vuelva insensible”, recomendaba un maestro del diarismo.

Historia antigua, pues por desgracia, la nota roja –robos, homicidios, asaltos, secuestros, linchamientos, balaceras y demás barbaridades– abandonaron hace tiempo la sección policíaca y saltaron a las primeras páginas de los diarios. La espiral de violencia y sus cada vez más espeluznantes expresiones volvieron obsoletas las páginas de la nota roja.

Y no se debe acusar de amarillismo y de tendenciosos a los periódicos y los espacios informativos. No. Estos no hacen sino proporcionar un reflejo de la realidad, una realidad capaz de estremecernos. Aterran los acontecimientos y el grado de barbarie de quienes los protagonizan. Desde el fin de la Revolución México no había vivido una etapa tan sangrienta como la de hoy.

Seguir un informativo de la televisión o leer un periódico cualquier día equivale a visitar la cámara de los horrores. Para muestra basta pasar revista a las noticias del pasado jueves: en Uruapan, Michoacán, amanecieron colgados de un paso a desnivel los cuerpos de nueve personas –siete hombres y dos mujeres–. Otros siete cadáveres desmembrados –seis hombres y una mujer– fueron arrojados en un bulevar, en el que también tiraron tres más metidos en bolsas de basura. Total, hasta ahora: 19 homicidios cometidos en un día.

Para seguir el recuento, del que usted seguramente ya estará enterado, en los municipios poblanos de Cohuecan y Tepexco, pobladores indignados lincharon hasta matarlos a siete presuntos secuestradores. La masacre ocurrió frente a más de un centenar de policías municipales, estatales y miembros de la Guardia Nacional.

La cereza del sangriento pastel se encargó de ponerla el recién estrenado gobernador Miguel Barbosa. En una entrevista anunció que irá a esos lugares el domingo –no corre prisa– para advertir a los habitantes de los dos municipios que no deben hacerse justicia por su propia mano. “Sermones, no balazos”, versión poblana de “Abrazos, no balazos”.

Varias son las regiones del país que están prácticamente en manos de los delincuentes. Y lo peor de todo es que el bombardeo cotidiano de noticias de este tipo provoca en el lector, en el radioescucha, el televidente y el seguidor de informaciones por Internet, esa insensibilidad tan temida por el viejo periodista. Estamos acostumbrándonos al clima de violencia y a verlo como algo natural, lo cual abona la apatía, adormece nuestra capacidad de indignación y pone sordina a las voces que exigen acción a los responsables de combatir a los delincuentes y dar seguridad a los ciudadanos.

De no haber una respuesta pronta y efectiva, las cosas irán de mal en peor. La descomposición, ya se ha visto, es progresiva y hasta hoy imparable. Siendo objetivos, resulta desalentador reconocer que por ahora no hay indicios de que las notas policíacas vuelvan a las páginas que antes ocupaban. ¿Lo veremos algún día?
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